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Editorial
El paso de Francisco
Lo importante es el paso que dio Francisco para investigar y procesar a curas y jerarcas abusadores de niños. En un día, la iglesia Católica avanzó veinte siglos que ya no será posible hacer retroceder.
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Lunes, 15 de Junio de 2015

El papa Francisco está haciendo una revolución al romper un silencio que por siglos reinó en la iglesia Católica en torno de la pedofilia. El solo hecho de destituir a dos obispos y anunciar el primer juicio por ese crimen contra un nuncio, todo en un solo día, está poniendo a los católicos y al Vaticano en los anales de la historia.

¿Quién iba a imaginar, nada más la semana pasada, que el ex nuncio apostólico en República Dominicana, el polaco Jozef Wesolowski, un arzobispo, nada menos, se tendría que sentar como reo ante una corte que lo juzgará por abusos sexuales contra niños entre 2008 y 2013 en Santo Domingo? Ni el más optimista y liberal de los católicos…

Siempre, y a pesar de testimonios que no dejaron lugar a dudas, la pederastia fue un tema tabú entre la jerarquía católica. Denuncias reiteradas contra sacerdotes y obispos fueron silenciadas con el pasar de los días, cuando no negadas de manera rotunda por altos jerarcas.

En Colombia, solo en los años más recientes fueron aceptados “cuatro o cinco casos”, por el presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Rubén Salazar, pero las denuncias públicas se refieren a numerosos episodios más.

Lo importante es el paso que dio Francisco para investigar y procesar a curas y jerarcas abusadores de niños. En un día, la iglesia Católica avanzó veinte siglos que ya no será posible hacer retroceder.

En el caso de Wesolowski, no solo se harán públicas sus relaciones sexuales con niños dominicanos de un barrio popular, sino el episodio en el que, cuando estaba detenido en Roma, fue descubierto en posesión de material pornográfico con menores.

Este es un caso de mucha relevancia, por cuanto abusó cuando era nuncio, es decir, embajador de la Santa Sede ante el gobierno de la República Dominicana, país donde las andanzas sexuales del arzobispo eran un rumor creciente.

Aunque había dado muestras de querer cambiar muchas cosas en la iglesia, a Francisco no se le asoció con la posibilidad de enfrentar, sin tapujos, la pedofilia en el seno de la jerarquía eclesiástica. Pero, para no dejar dudas, se atrevió, y de qué modo.

Porque los dos obispos destituidos son miembros de la muy poderosa jerarquía eclesiástica de Estados Unidos, el asediado arzobispo de St. Paul y Minneapolis, John Nienstedt, y el obispo auxiliar, Lee Anthony Piche, luego de que la fiscalía local acusó a la arquidiócesis de no proteger a varios niños de daños indecibles por parte de un sacerdote pederasta luego declarado culpable de abusar sexualmente de dos menores.

Francisco está cumpliendo su promesa de no dejar incluso que jerarcas de las más altas esferas del poder vaticano eludan sus responsabilidades en casos de abusos sexuales o de encubrimiento. Y, en este caso, atreverse es bastante osado.

Aún no se acallan los rumores sobre las causas de la renuncia de Benedicto XVI, entre las cuales nunca fueron suficientemente desvirtuadas el tráfico de sexo, dinero, influencias y poder en los pasillos del Vaticano, la pederastia ejercida o protegida por algunos jerarcas, y el poder del llamado Lobby Gay, un grupo de obispos y sacerdotes gais cuyo poder e influencia parecen desmedidos.

Benedicto XVI no se atrevió como Francisco, pero dejó las pistas y el camino marcado para que el papa argentino hiciera lo que está haciendo. Lo importante para la iglesia Católica radica en que ahora hay más posibilidades de que los niños se acerquen tranquilos a ella… y a sus responsables.

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