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Editorial
Esto no da espera
Alta percepción de inseguridad, menor capacidad de compra de los visitantes venezolanos por la caída del dólar y la mala imagen de la ciudad están repercutiendo en la actividad comercial de Cúcuta.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 28 de Septiembre de 2026

Alta percepción de inseguridad, menor capacidad de compra de los visitantes venezolanos por la caída del dólar, dificultades para el ingreso de vehículos desde el vecino país y la mala imagen de la ciudad están repercutiendo en la actividad comercial de la capital nortesantandereana.

Quedarse de brazos cruzados no es la opción y, por eso, hay que hacerle frente a tres de esos males sobre los cuales la región tiene incidencia directa para revertir la negativa situación que se registra.

Es el momento de que las alcaldías de Cúcuta y Villa del Rosario, junto con los gremios económicos, adopten un plan extraordinario que conduzca a la reactivación en esta temporada.

Permanentes acciones policiales para garantizar la seguridad y el control son unas de las más importantes, para que los cucuteños y visitantes vuelvan a sentirse tranquilos en las calles.

Lo anterior es de extrema urgencia porque, en la sensible cuestión de la inseguridad, delitos como la extorsión, los robos en negocios y los ataques en sectores de alta actividad comercial han venido golpeando con rudeza al comercio minorista y mayorista de la ciudad.

A la Policía Metropolitana le espera, ahí, un gran reto, tanto operativo como de inteligencia, al igual que a la Fiscalía y a los jueces de la República, para que, desde su responsabilidad, cada una de esas instituciones adelante la misión de rescate de la seguridad ciudadana en la capital nortesantandereana.

Pero, además, aunque la capacidad de compra del venezolano ha disminuido en razón de cuestiones cambiarias, Cúcuta sigue siendo un lugar para el aprovisionamiento de artículos de primera necesidad y para adquirir otros productos. No hay que desanimarlos poniéndoles tantas trabas para entrar en sus vehículos de placa extranjera.

El llamado es a las autoridades de Tránsito del área metropolitana de Cúcuta para que tengan conocimiento exacto de los acuerdos binacionales y las normas vigentes, con el fin de facilitar el tránsito automotor en la frontera y, de esa manera, evitar que los operativos terminen convertidos en costosas trabas para la economía local.

Y, como si fuera una premonición sobre la reducción del flujo de venezolanos, leamos este párrafo publicado en el diario La Nación, de San Cristóbal, a mediados de marzo del año pasado:

“William Gómez recalcó que si las autoridades del AMC insisten en exigir la tecnomecánica o el uso del pasaporte a la entrada, va a impactar de forma negativa al comercio y al turismo en el departamento fronterizo colombiano, ya que muchos van a preferir no cruzar la frontera”.

Ahora lo volvemos a escuchar, más de un año después, con el reclamo de que ese requisito es para vehículos de placa venezolana con más de noventa días de permanencia en Norte de Santander, por ejemplo. ¿Qué estarán esperando para levantar esa talanquera?

Es, por lo tanto, urgente atender las alarmas de un sector que, en la muestra Pulso del Comercio, describió que el 87,5 % reportó menores ventas, un 85 % menos flujo de compradores y una reducción de clientes venezolanos.

Ahí están en juego el empleo formal y temporal, lo mismo que la estabilidad de un importante sector de la economía local que, ante su pérdida de dinámica, también puede generar diversos efectos colaterales.

Dentro de la estrategia hay que incluir jornadas especiales de ofertas para motivar a los compradores locales, al igual que para recuperar y fortalecer la confianza, mientras que, en simultánea, debe lanzarse una gran estrategia de mejoramiento de la imagen de Cúcuta.


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