Colgarles enredos y prejuicios, con cálculos malintencionados, a las negociaciones entre el Gobierno y las Farc mediante las cuales se busca llegar a un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto armado de tantos años, es meterle palos a la rueda de una solución que la nación necesita con prioridad. Porque frustrar esta posibilidad es prolongar en el tiempo, en términos impredecibles, una confrontación que tantas víctimas ha dejado y que pueden aumentar mucho más, aparte de los graves efectos de perturbación que generan los recurrentes escalamientos entre fuerzas contrarias.
Las versiones infundadas de los opositores a las negociaciones de paz que muestran la reasignación de funciones en ese proceso a los generales en retiro Jorge Enrique Mora y Oscar Naranjo, como una concesión negativa del Gobierno a las Farc, tiene más de mala fe que finalidad crítica constructiva. Es una postura lejos de la verdad y su cálculo es el de crear desconfianza entre los colombianos.
Los mismos militares, consecuentes con las políticas de paz del Gobierno, que ellos comparten y defienden, le han salido al paso a los infundios de los opositores. Acompañando al presidente Juan Manuel Santos, se han hecho presentes en batallones y otras sedes militares para que decirles a los miembros de las Fuerzas Militares y de Policía, de las cuales fueron sus comandantes, que siguen fieles a sus principios, sin que esto los sustraiga de la causa de la paz conforme a las directrices trazadas por el Jefe del Estado.
La tarea pedagógica encomendada a los generales Mora y Naranjo es parte de la preparación que requiere el país para asumir el trabajo de construcción de la paz. No puede escapar a la comprensión de los ciudadanos que se impone crear conciencia sobre lo que debe aportarse en información y conocimiento para blindar los acuerdos contra los intentos de distorsión en que puedan empeñarse los contrarios.
Por lo demás, la participación de voceros de las Fuerzas Armadas de Colombia, con plena legitimidad y reconocimiento, en los diálogos de La Habana ha sido amplia y de cara tanto a esa institución como al país todo. No ha habido ocultamiento. Tampoco se está en trance de disminuir la autoridad de los militares, aunque la variación de las condiciones en el país lleve a los ajustes relacionados con la misión que les corresponda asumir a futuro. Es una dinámica que nadie puede evitar.
De suerte que los colombianos pueden estar tranquilos con respecto a la preservación de la integridad de la Fuerza Pública, a las cuales también les interesa la paz de Colombia y con la paz el fortalecimiento de sus instituciones democráticas y de las condiciones de vida de la población para salir de la desigualdad y de los riegos de repetición de las violencias con que la nación fue llevada a graves niveles de degradación social.
