Colombia ya tiene la suficiente cantidad de problemas y de amenazas violentas, como para generarle inconvenientes adicionales, en esta oportunidad relacionados con la diafanidad de los datos del preconteo de la primera vuelta presidencial que dio como finalistas a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.
“Como presidente no acepto los resultados del preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista, porque debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en la última semana fueron variados en tres oportunidades y agregaron 800.000 cédulas más de personas que no están en el censo oficial presentado”.
El anterior párrafo hace parte del mensaje que desde la red social X emitió el presidente Gustavo Petro el domingo 31 de mayo por la noche.
Una salida de esta naturaleza por parte del jefe de Estado, sin ni siquiera permitir que transcurrieran los escrutinios que es donde se pueden presentar las reclamaciones y pedir las revisiones de los resultados en las mesas que sean impugnadas, lo único que hace es profundizar la incertidumbre y lanzar un manto de duda sobre la institucionalidad electoral.
En medio de ese ambiente, hubo un mensaje dirigido al jefe de Estado enviado por el director del Partido Liberal, César Gaviria quien le dijo que “Colombia necesita un presidente que gobierne estos últimos meses con la seriedad que el cargo exige. No un agitador que use el poder del Estado para torcer la voluntad popular”.
Las últimas dos líneas son concordantes con la imagen que con sus actuaciones y afirmaciones deja entrever el presidente Petro, no solamente en la plaza pública, sino en las reuniones del consejo de ministros o en sus declaraciones de redes sociales.
“Alerta democrática máxima. El ataque sistemático del presidente de la República al sistema electoral colombiano y al proceso democrático amerita la intervención de garantes internacionales que permitan a los ciudadanos llevar a cabo una elección en paz”, fue lo planteado por el presidente de la ANDI, Bruce Mac Master.
Un consejo para el presidente es que piense dos veces lo que va a plantear, teniendo en cuenta el impacto provocado por sus declaraciones teniendo presente el poder de su investidura.
Al país y a regiones como la nuestra, afectadas por multiplicidad de problemas y con un conflicto armado que no da tregua en el Catatumbo, cuestionamientos como los señalados contra los comicios presidenciales no le hacen bien a la democracia ni a la estabilidad misma del país n mucho menos a la concordia y la paz.
Es igualmente necesario que el presidente actúe más como estadista, en el entendido que gobierna para todos los colombianos y, en caso de dudas, es indispensable acogerse a los trámites respectivos o intervenir directamente ante las entidades respectivas para que se investiguen y aclaren antes de exponerlas públicamente.
La realidad que está saliendo de las urnas pone sobre la mesa que no existen, hasta ahora, ni evidencias ni reclamos serios en cuanto a probables hechos que empañen la transparencia de las justas electorales del 31 de mayo cuando los electores determinaron que haya segunda vuelta para decidirse por las propuestas de De la Espriella o los programas de Cepeda.
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