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Editorial
A innovar
En el mundo de hoy, quien no innova, se pone al borde de la desaparición; lo que se impone es lo nuevo.
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Viernes, 21 de Agosto de 2015

Hay palabras que siempre han estado ahí, en el diccionario, y que solo se hacen de uso común por casualidad o por necesidad de darle nombre a una idea. Uno de tales términos es innovar, que en teoría viene desde cuando monjes de Castilla balbucearon lo que hoy es el español.

Innovar no es más que introducir novedades, en el aspecto que hoy interesa, en el sector empresarial y, en especial, en la industria, aunque las novedades pueden ser incorporadas en cualquier aspecto de la vida.

Pero, así como es de fácil entender el término, así es de difícil aplicarlo. Por eso, muchas prácticas, muchos productos, muchas cosas son siempre iguales, monótonas, invariables, aburridas, descartables.

En el mundo de hoy, quien no innova, se pone al borde de la desaparición; lo que se impone es lo nuevo, lo imaginativo, lo creativo, y algo parece nuevo aunque solo haya recibido modificaciones pequeñas, novedades leves, nada más.

Lo importante es innovar, generar y agregarle valor a todo lo que hacemos, crear para satisfacer gustos y apetencias cada día más exigentes. Pero, para ello, es necesaria una preparación cuidadosa, muy rigurosa, a fin de aprender a introducirles elementos novedosos a nuestros productos, a nuestros métodos, a nuestros sistemas.

Y, por esa razón, durante estos días se han congregado en Cúcuta los gurús de la innovación, invitados por el Centro de Liderazgo y Gestión y la Cámara de Comercio, en un intento por convencer a los nortesantandereanos de que no solo debemos abrazar la innovación como una especie de religión, sino pisar fuerte, como pioneros que estamos llamados a ser en este aspecto.

Uno de estos gurús es Sir Ken Robinson. Este británico, experto en creatividad y educación, fue conferenciante en Expogestión Frontera 2015, donde explicó que crear una cultura innovadora depende del trabajo conjunto en tres frentes: cultura, comercio y educación. Esta última es el eje fundamental en los procesos de cambio exitosos.

Según el experto, el proceso de cambio debe comenzar por establecer cuál es el papel que está jugando la educación en la sociedad, para qué se educa a las personas, si es pertinente el sistema educativo actual y qué relación existe entre la educación y la innovación.

Como consecuencia, se debe adoptar un sistema educativo que descanse en las escuelas como centros de formación para la creatividad y la imaginación, sin las cuales la innovación no tiene razón de ser, y que considere a cada persona como única, o sea, que erradique el concepto de que todos los seres humanos adquieren conocimientos de manera diferente.

Y este no es, precisamente, el criterio del modelo educativo en el departamento.

El hecho concreto es que, en concepto de Juan Camilo Quintero, de Ruta N, que lidera el proceso innovador de Antioquia, Colombia es un país con un mar de ideas por explotar: cada día hay en este país unas 100 ideas novedosas.

Llevarlas a la práctica es lo importante, y para ello es necesario que toda la gente esté identificada en el criterio de que la innovación es una carrera contra el tiempo en la que ganan quienes adopten mejores avances tecnológicos.

Por ahora, Norte de Santander está dando los pasos correctos, invirtiendo en la educación lo necesario, y a través del compromiso de unas 250 empresas que dijeron asumir el reto innovador, porque solo así se hacen más competitivas y productivas, lo cual repercutirá en una economía con crecimiento sostenido.

Así, pues, llegó el momento en que todos los nortesantandereanos dediquemos los mejores esfuerzos, no a imaginarlo, sino a comenzar a darle forma al futuro.

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