Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
La autoridad, por la faja
Y nadie dice nada. Ninguna autoridad actúa con la persistencia con que debe intervenir.
Authored by
Martes, 23 de Junio de 2015

Muchas cosas pueden desestimular a una comunidad que aspira a vivir en el ambiente amable que merece. Pero ninguna la desalienta más que la tolerancia de la autoridad con quienes violan normas básicas de convivencia, cuando hay excepciones inexplicables con ciudadanos poderosos.

Como reacción, la tolerancia y la permisividad con el abusador y el transgresor generan la decisión lógica y explicable de actuar de la misma manera que ellos, y así, la ciudad se transforma en un lugar de caos en el que vale solo la ley del más fuerte.

Es lo que está pasando en algunos sectores de Cúcuta, a lo largo de la avenida Libertadores, por ejemplo, donde empresarios abusadores se toman el espacio público para sus fines particulares, sin que la autoridad intervenga con la energía requerida.

Lo que hace unos meses era una acción ilegal de un negocio, ahora es práctica habitual de otros, convencidos todos de que la mejor manera de ser iguales es cometer las mismas arbitrariedades. Así, poco a poco esa arteria pasó a ser propiedad privada de distribuidores de carros, empresas de supermercados,  restauranteros y pimpineros.

Y todos tan tranquilos, autoridades tolerantes y permisivas, y abusadores con la soberbia en alto. Mientras, los usuarios de las aceras se juegan la vida a cada paso ante los miles de automovilistas y motociclistas de la vía rápida, pero obstruida.

Hace pocos días, la Policía actuó ante uno de los más insistentes abusadores, una compraventa de autos para cuyos dueños su negocio se extiende hasta la calzada de la avenida. Por eso, cada día, allí estacionan vehículos de todo tipo sobre el andén.

Pues solo 24 horas después de que la Policía obligó a despejar la zona, de nuevo aparecieron los autos sobre las aceras, además de otros junto a un restaurante y un lavadero automotor, todo en la avenida Libertadores con calles 7 y 7A. Y más adelante, en vecindades de un supermercado, el abuso es sobre la calzada, lo que genera allí un cuello de botella para el tráfico automotor, pues los dos carriles se reducen a uno.

Y nadie dice nada. Ninguna autoridad actúa con la persistencia con que debe intervenir. La sanción no pasa de una reconvención amistosa luego de la cual, a las leyes y a las autoridades los transgresores se las pasan por la faja.

Alguna vez, uno de los abusadores se preguntaba por qué él tenía que despejar el andén, cuando al frente, decenas de carros estacionan sobre la misma avenida, ante los restaurantes junto al río, e incluso en espacios dentro del separador, donde tienen negocio de estacionamiento algunos avivatos.

Sin duda, la razón acompañaba a este violador de la norma. Como acompaña a otras personas que se consideran injustamente tratadas por la autoridad. Y es que el trato discriminatorio de la autoridad se aprecia, precisamente, en la manera como los clientes de los restaurantes del Malecón copan, a veces en doble línea, una muy buena parte de las calzadas, y permanecen así durante horas, sin ser molestados.

Además de que aprovechan ventajas que otros cucuteños no tienen, como disponer del espacio público para atender sus clientes, esos comerciantes legales reciben el regalazo de la carretera para que sus clientes estacionen los autos. Es una decisión injusta, fuente de acciones igualmente injustas. Al final el único perdedor es el ciudadano de a pie.

Y no es solamente sobre el Malecón. Todos los días vemos como nuevos negocios se montan por doquier, a expensas claro, del sufrido espacio público.

La mejor manera de gobernar es aplicar una fórmula viejísima, expresada en una frase del español silvestre: o todos en la cama o todos en el suelo.

Temas del Día