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Editorial
La protección de los páramos
En esta parte oriental del país, 17 son los municipios que integran dicho páramo, de los cuales en Norte de Santander se encuentran Chitagá, Labateca y Silos.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 28 de Mayo de 2026

Norte de Santander, que en su territorio tiene ‘fábricas de agua’, convirtiéndolo en un departamento estratégico en este campo, recibió recientemente otra buena noticia que protege uno de los ecosistemas naturales productores del recurso hídrico.

Estamos hablando de la declaratoria del páramo de Almorzadero como zona de reserva ambiental por parte del Ministerio de Ambiente. En total son 15.000 hectáreas con una vigencia inicial de cuatro años, prorrogable por dos más, y establece que durante este tiempo no se podrán otorgar nuevas concesiones mineras ni expandir la frontera agropecuaria.

En esta parte oriental del país, 17 son los municipios que integran dicho páramo, de los cuales en Norte de Santander se encuentran Chitagá, Labateca y Silos. Es tan importante Almorzadero, que en la parte sur se conecta con los páramos del Cocuy, Santurbán y el de Berlín.

La importancia de la medida es que se trata de una especie de muro de contención protector contra los efectos nocivos que ocasiona la minería ilegal, en especial en la contaminación de las fuentes hídricas de la región.

Precisamente, la determinación gubernamental busca proteger las cuencas hidrográficas que provienen del páramo de Santurbán y que integran las localidades de Charta, Vetas, Rionegro, Bucaramanga, Cáchira, Floridablanca, Lebrija, Piedecuesta, Suratá, Girón, Matanza, El Playón y Tona, en una extensión de 285.598 hectáreas.
Con esta medida no se modifican los usos del suelo existentes ni se impiden las actividades agrícolas, pecuarias, turísticas o de infraestructura ya presentes en el territorio.

Por el contrario, se reconocen y protegen las actividades tradicionales de las comunidades campesinas, garantizando la continuidad de la agricultura, la ganadería de pequeña escala, el turismo rural, el aprovechamiento forestal doméstico y la pesca de subsistencia, siempre que se desarrollen bajo buenas prácticas y en armonía con la vocación del territorio. De igual manera, se reitera la prohibición de actividades mineras.

El agua es un recurso tan importante, pero con un alto riesgo de ser afectado por el mercurio y otra clase de contaminantes que finalmente lo pueden convertir en un factor de riesgo para los usuarios de los acueductos surtidos por las cuencas hídricas impactadas a raíz de labores que generan graves efectos medioambientales.

Es que, además, el agua cada vez más se está convirtiendo en un recurso natural de alta valía porque es un líquido vital para la vida y elemento esencial para garantizar la salubridad de las personas en cuanto a su manejo y distribución adecuada.

El propio Ministerio de Ambiente recordó la importancia de esta clase de ecosistemas, que para este caso en concreto abastece de agua a más de 180.000 habitantes de Santander y Norte de Santander. 

No es una cifra menor. Es una cuestión inobjetable, porque en caso contrario estaríamos abocados a una crisis sin precedentes por dejar perder una fuente de tal magnitud para la conservación de la vida.

Los dos departamentos que hacen parte del Gran Santander tienen en sus páramos una riqueza que deben proteger por encima de todo en estos tiempos en que los recursos naturales son los bienes más preciados y más amenazados.


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