Con razón. Pero, ¿por qué a ellos les duele más la suerte del Templo Histórico que a nuestros funcionarios?
Que la grandeza de una cuna se la da el personaje que nació en ella, es verdad. Pero, también lo es, que todos los países, sin excepción, tienen un sitio considerado su lugar de nacimiento, y lo convierten en el lugar más sagrado de todos.
Todos los países, menos Colombia, y esta es una excepción que duele y que llena de vergüenza, porque el Parque Grancolombiano, doblemente glorioso, porque alberga la cuna de este país y la del general Francisco de Paula Santander, es hoy un chiquero. Literalmente. Dolorosamente.
Y la culpa la tienen la desidia que anida en tantos organismos del Estado, con burócratas preocupados más por sus uñas, sus trajes, sus cocteles y sus sueldos, que por el patrimonio cultural e histórico de todos.
La culpa de que el Parque Grancolombiano, que el Templo Histórico, que la casa de Santander arrastren sus vergüenzas (es lo primero que ve el extranjero que llega por Villa del Rosario) en medio de dolorosos muñones de palmas que murieron de sed, es el Ministerio de Cultura.
Y no hay excusa que valga, no hay razón que nos haga a los nortesantandereanos cambiar de parecer, no hay argumento que nos convenzan de lo contrario.
¿Cómo puede ser posible que la cuna de Colombia se caiga a pedazos, que mueran de sed sus árboles, que el Tamarindo Sagrado, bajo el cual los convencionistas que le dieron forma a la Gran Colombia discutían y discutían, agonice, enfermo, remendado con tacos de cemento? No puede ser posible, no.
¿De cuál patrimonio histórico hablan entonces en el ministerio de Cultura? Es del lugar donde fue parido este país, es de Villa del Rosario, de todo lo sagrado que sobrevive aún en lo que podría ser el templo de los templos.
Todo el complejo histórico de Villa del Rosario es hoy un gran monumento a la vergüenza y las alarmas deben encenderse y el mensaje llegarle a la ministra Mariana Garcés.
¿Cómo explica el ministerio que el Parque Grancolombiano tenga rincones donde anidan las ratas y donde la podredumbre de la basura apesta a metros? ¿Es ese todo el respeto que merecen Santander y su aporte a la Independencia? ¿Es así como guardan la memoria cultural de Colombia?
¿En Bogotá, el Templo Histórico no les parece suficiente para dedicarle al menos el menor de los esfuerzos? ¿El Tamarindo Sagrado es poca cosa para ustedes? ¿Saben, tal vez, quién fue y qué hizo Santander?
A propósito, ¿se han dado cuenta de que hay un abismo de diferencia entre la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, donde murió Bolívar, y el desastre del Parque Grancolombiano de Villa del Rosario? ¿Cómo lo explican?
Con razón, sectores de Venezuela buscan la manera de que les permitan hacerse cargo de todo el complejo grancolombiano. Con razón. Pero, ¿por qué a ellos les duele más la suerte del Templo Histórico que a nuestros funcionarios?
En Bogotá deben saber que ese desdén con el que tratan a Cúcuta y a Norte de Santander se tiene que acabar. Esta región les dio un país —¿es tan difícil entenderlo?—, y les ha dado lo mejor de sus hijos y de sus recursos. ¿Fue tan malo darle forma jurídica al sueño de la libertad en 1821, como para que a cambio nos llenen de desprecio y de abandono?
Si el ministerio de Cultura no tiene el tema dentro de sus prioridades, como parece haberlo demostrado incluso hasta dejar morir de sed a unos árboles acostumbrados a la sed, quizás lo mejor sea que Norte de Santander y Cúcuta se encarguen de cuidar lo que es de todos pero que solo a unos pocos, muy pocos, nos duele. Díganlo de una vez.
