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Editorial
La vieja táctica
Cuando los gobiernos venezolanos se ven impotentes para frenar el descontento interno, acuden a exaltar los ánimos con asuntos limítrofes.
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Viernes, 19 de Junio de 2015

Cuando los gobiernos venezolanos se ven impotentes para frenar el descontento interno, acuden a exaltar los ánimos con asuntos limítrofes. Y este de Nicolás Maduro acude al mismo viejo recurso para intentar desviar la atención de los venezolanos de la creciente problemática económica, política y social que lo tiene tambaleando.

A Colombia, pretexto de siempre, ahora Venezuela le suma Guyana a su lista de elementos de distracción política en casos internos muy difíciles. La razón tiene que ver con el afán expansionista de los militares venezolanos de echarle mano al Esequibo, un territorio en disputa de 159.542 kilómetros cuadrados, tan grande como Santander, La Guajira, Norte de Santander, Cesar, Casanare y Arauca juntos.

El 27 de mayo, el gobierno de Venezuela publicó en su Gaceta oficial el decreto 1787, que ordena crear varias Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular (Zodimain), que en el fondo es una autorización para fijar sus límites internacionales, de manera unilateral e inconsulta.

Una de estas zonas está precisamente en el golfo de Coquivacoa, área de intensa disputa con Colombia prácticamente desde cuando se dividió la Gran Colombia. Desde entonces, un diferendo limítrofe es causa de rencillas entre los dos países… y pretexto para cuando las cosas con el pueblo se ponen tan difíciles que casi son incontrolables.

Como todas las demás, para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la Zodimain Occidental es “una agrupación territorial de fuerzas y medios en un espacio geográfico (…) donde se conducirán las operaciones para la defensa”. Hasta acá, no hay problema.

La preocupación surge cuando el decreto establece que la Zodimain Occidental comienza en la línea fronteriza entre Colombia y Venezuela, con un trazado que toma parte del territorio en discusión en el golfo, en decisión unilateral que sin duda reviste una actitud provocadora.

Ojalá un breve cruce de cartas de cancillería solucione este problema naciente, pero lo dudamos, en especial por la urgente necesidad del gobierno venezolano de que la atención popular deje de centrarse en la hiperinflación y la falta de alimentos que se viven de un tiempo estos días.

Un punto fundamental de preocupación para Maduro y la revolución se relaciona con las próximas elecciones de diputados, cuya fecha aún no se define, que pueden ser un punto de quiebre en la serie de triunfos del gobierno. Si la revolución pierde, como todos, incluso los revolucionarios lo creen, las cosas para Maduro y el chavismo serán muy complicadas a partir de entonces.

Así, lo mejor es buscar la forma de capitalizar votos, aunque sea a costa de los viejos pretextos del peligro fronterizo. En la situación tan apurada en que está Maduro, unos cuantos tiros en la frontera con cualquiera de los países vecinos, podría generarle un cierto capital electoral que lo llevaría a sortear la debacle que se aproxima.

Es de esperar que las aguas se tranquilicen. Porque, como están las cosas en los dos países, la ópera bufa de 1987, con la corbeta Caldas como protagonista, se podría convertir en una verdadera tragedia.

Esa vez, según confidencias de un político venezolano, fue cuando Caracas y Bogotá estuvieron más lejos, y a la vez más cerca, que nunca. Unos sin combustible y otros sin municiones, llevaron a Colombia y Venezuela a hacer el ridículo, en especial cuando para terminar el incidente, el presidente Jaime Lusinchi corrió el peligro de ser derrocado por los militares.

Si es por ganar electores que se montó el entramado del decreto 1787, Maduro y su gobierno no están haciendo nada que Colombia no conozca. Pero si es por llevar la situación más allá, no están provocando nada que Colombia no pueda enfrentar.

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