¿Pueden los padres ingresar a las cuentas que tienen sus hijos menores en las redes sociales? En vez de una respuesta, otra pregunta: ¿Pueden los padres ir por las mismas calles oscuras del barrio desconocido y peligroso por donde, solo y en plan de aventura se fue su niño al caer la noche?
Si usted se considera un padre responsable, muy probablemente respondió con un sí a ambas preguntas, y estará de acuerdo con que ni internet ni las redes sociales son factores de peligro por ellas mismas, sino por el uso que les dan las personas.
Nuestra respuesta es la misma, e incluso cambiamos el pueden por un deben, en la seguridad de que, dentro de la lógica jurídica, entrar abiertamente y sin pedirles permiso, a las cuentas de sus hijos menores en internet, y enterarse de lo que hacen y de con quienes intercambian ideas y mensajes es, no solo un derecho, sino un deber.
Si protegerlos en todo sentido es, a la vez, derecho y obligación —no hacerlo le puede acarrear sanciones al padre o a la madre—, y si los padres pueden, según la ley, decidir dónde y cómo pueden sus hijos vivir y estudiar y estar temporalmente o por un tiempo, autorizarles, prohibirles, limitarles, decidir por ellos incluso qué comer… ¿por qué no podrían, en consecuencia, acceder a las cuentas de internet?
En este caso, no solo es un derecho inalienable, sino una obligación perentoria, en especial porque internet es, y nadie puede negarlo, un inmenso e increíble universo negro, peligroso, acechante, misterioso y lleno de riesgos que se activan con cada clic sobre cualquier enlace.
La clave de intervenir de la manera correcta está en hacerlo racionalmente por parte de los padres, dejando de lado el espíritu de vigilancia y de espionaje, en favor de uno normativo y formativo. Así, al menos, lo recomiendan algunos siquiatras.
Internet es, por mucho, el más insondable, peligroso y truculento mundo salido de la inventiva del hombre, y el más atractivo para cualquiera, a pesar de que, sabido es por todos, está constituido por el más grande e informe conjunto de falsedades y de mentiras. El influjo y la atracción que internet ejerce sobre los usuarios son mágicos.
La gran red es como la dinamita, creada para beneficiar a la humanidad, hasta cuando a alguien se le metió en la cabeza la idea de hacerla estallar, como un arma, y matar y causar daño a los demás.
Colombia es territorio digital bastante notable. Seis de cada 10 niños entre 5 y 11 años usan internet, y de ellos, 66 por ciento la usan para buscar, descargar y usar videojuegos, sin control de adulto alguno y sin restricciones de acceso a sitio alguno.
¿Qué buscan los niños en internet? Lo mismo que los adultos: distracción, algo de información, recreación y oportunidades de socializar con otras personas en sitios como Facebook (27%), Skype (23%), Google (17%), YouTube (11%) y Hotmail (10%), de manera mayoritaria.
Pero, el uso equivocado de internet y el peligro que representa, no tiene por qué ser razón para establecer censuras y controles ni de gobiernos ni de corporaciones ni de nadie, precisamente porque como es un canal por el que van y vienen las ideas y la información, que son libres, también la red debe serlo.
¿Qué puede conducir a la muerte? “También la leche y los huevos”, como una vez respondió un personaje cuando intentaron impedir que circulara con su auto por las calles de un pueblo a comienzos del siglo pasado, con el argumento de que con el vehículo podría causarle la muerte a alguien.
