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Editorial
Le llegó la buena hora a Norte con De la Espriella
Norte de Santander no votó por De la Espriella por seguir un eslogan. Votó tras calcular que su propuesta era superior a la continuidad.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 22 de Junio de 2026

Hay una paradoja que Colombia jamás ha resuelto: las regiones que más han sacrificado —en sangre, recursos naturales y paciencia histórica— son, precisamente, las que menos han recibido. Norte de Santander es el reflejo más elocuente de esa ecuación rota.

Y, sin embargo, el 21 de junio de 2026, este departamento fronterizo, carbonífero y petrolero, azotado por décadas de conflicto armado y abandono institucional, le entregó a la fórmula de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo el resultado más contundente de todo el país: un inapelable 76,56% de los votos válidos. Cúcuta, por sí sola, aportó 306.536 sufragios; Los Patios, 37.492; Villa del Rosario, 41.417; y Ocaña, 42.350. Municipio por municipio, Norte de Santander habló con una claridad ensordecedora que no necesita intérpretes.

Ese voto no fue ideológico. Fue una factura.

Una factura por el Catatumbo, que en 2025 despertó en medio de una masacre que dejó más de 80 muertos y decenas de miles de desplazados, ante un Gobierno nacional que tardó días en reaccionar con coherencia. Una factura por una frontera con Venezuela que concentra el 40% del comercio binacional informal y que el Estado administra con la negligencia de siempre. Una factura, en fin, por un departamento que produce carbón, petróleo y palma, pero que aún sobrevive con municipios sin agua potable, sin vías pavimentadas y sin una presencia judicial efectiva.

Norte de Santander no votó por De la Espriella por seguir un eslogan. Votó tras calcular que su propuesta era superior a la continuidad de un modelo que los dejó a merced del Eln, las disidencias y una crisis migratoria que el gobierno Petro redujo a narrativa diplomática, dándole la espalda al drama humanitario que la gente de Cúcuta padece a diario. Ese cálculo tiene consecuencias, y el presidente electo lo sabe.

Lo que el departamento le exige a la fórmula De la Espriella-Restrepo no es gratitud política. Es una deuda programática: concreta, medible y con plazos estrictos.

1. La seguridad: el examen real

El Catatumbo no puede seguir siendo un tablero en disputa entre grupos armados mientras el Estado cede territorio y control. La política de seguridad del nuevo gobierno tendrá su verdadera prueba de fuego en este departamento, no en Bogotá ni en el Congreso.

2. La frontera: de patio trasero a plataforma logística

Colombia comparte con Venezuela la frontera más compleja y potencialmente más productiva de Sudamérica, pero el Estado la mantiene en el olvido desde hace una década. Restrepo, con su probada experiencia en comercio exterior y política económica, tiene el perfil técnico para diseñar un modelo de integración real. Es hora de convertir a Cúcuta en lo que siempre debió ser: una plataforma logística y comercial de primer nivel, y no el patio trasero donde se esconden los problemas que Bogotá se niega a ver.

3. Infraestructura: menos papel, más inversión

La doble calzada Pamplona-Bucaramanga, la Ruta del Sol y las vías terciarias del Catatumbo siguen siendo promesas impresas. Norte de Santander genera materias primas que hoy transitan por carreteras obsoletas que no soportan su propio peso. Esta es una decisión de inversión, no de simple voluntad política, y Restrepo lo entiende mejor que nadie.

4. Institucionalidad local: transparencia sin intermediarios

Esta es la urgencia menos glamorosa, pero más crítica. El departamento ha visto desfilar alcaldes presos, gobernadores investigados y contratos de infraestructura que jamás llegaron a las comunidades. El nuevo Gobierno nacional no puede pretender administrar la región a través de los mismos intermediarios que la capturaron. Se necesitan mecanismos directos, transparentes y auditables que impacten en los municipios sin pasar por los filtros de la corrupción que históricamente se han quedado con la “mermelada”.

El 76,56% no es solo la cifra más alta registrada por Defensores de la Patria en todo el territorio nacional, es también la expectativa más alta que una región haya depositado jamás sobre un gobierno.

Norte de Santander esperó décadas para ser escuchado. Hoy entregó su confianza con una generosidad matemática innegable. La pelota queda ahora en el tejado de la nueva administración, que no tiene margen para el incumplimiento.

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