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Editorial
Ñatubaiyibari
Todavía se está a tiempo para corregir y disponer de todo lo necesario para que el pueblo barí no sufra ninguna de las consecuencias que temen sus líderes, y para que se preserve su cultura ancestral, una de las más acosadas y vulneradas durante el último siglo, por razón del avance del progreso irracional.
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Domingo, 29 de Marzo de 2015

Hoy es un día histórico, pero triste, en Norte de Santander. Es lo primero, por la reunión en Tibú de Ñatubaiyibari, la Asociación de Autoridades Tradicionales del pueblo barí, para exigir que se respete su autonomía y por lo mismo, para que sea su pueblo el que administre el Parque Nacional Natural Catatumbo Barí.

Y es triste por cuanto al mismo tiempo en Cúcuta, en otra reunión, el gobierno y la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), seguirán avanzando en temas como una zona de reserva campesina que se proyecta en territorio barí, a la cual las 23 autoridades tradicionales se oponen, y respecto de la que se declaran engañadas, aunque nadie, ni siquiera la autoridad departamental, ponga cuidado a sus quejas.

Además, es bien sabido que en la zona, no sólo es actor Ascamcat. También son actores la comunidad Barí, los palmicultores, los cacaoteros y otros más, que deberían estar también representados en las mesas de negociación.

Es una especie de menosprecio por el pueblo barí  y de los demás actores que se traduce incluso en el hecho de que a la reunión de Cúcuta ninguno de sus miembros fue invitado. De haber sido convocados, se habrían quejado de que ya no se pueden mover con libertad por su territorio ancestral: lo impiden lo que llaman grupos armados organizados (Ejército y guerrillas) y los campesinos. Antes fueron las petroleras.

En torno de los barí estaría por ocurrir un hecho doloroso: parte de la solución planteada en La Habana entre el gobierno y las Farc pasa por el desarrollo de muchos programas enmarcados en el concepto de posguerra. Y en ninguna parte, como en el Catatumbo, esos programas necesitan ser más intensivos y definitivos.

Pero, por razón de la zona de reserva, incluida en los programas de posguerra, el propio Estado estaría perjudicando a una comunidad aborigen a la que, dicen sus autoridades, nada le han consultado: le van a quitar parte de su territorio ancestral y le van a hacer sufrir la presión de miles y miles de campesinos y colonos.

Por ahora, cultivadores de coca violan cada día el territorio barí y lo plagan de cultivos ilícitos, y organizaciones armadas van y vienen por sus caminos y senderos, como si anduvieran por tierra de nadie.

De cierto modo, gobierno y Ascamcat están definiendo la suerte de los barí, sin su consentimiento y sin su presencia. El Resguardo Motilón Barí tiene una superficie de 108 mil 900 hectáreas y el Resguardo Catalaura La Gabarra, 13 mil. Sin embargo, autoridades de Ñatubaiyibari consideran que estos dos territorios están ante el peligro de que se reduzcan con los acuerdos de la Mesa de Diálogo del Catatumbo.

En territorio barí sobreviven 3.130 personas de 417 familias adscritas a 25 comunidades, en jurisdicción de 5 municipios: Tibú, El Carmen, Convención, Teorama y El Tarra, es decir, en todo el Catatumbo. No son muchos, como los nasa o los paez de Cauca, pero no por eso se puede decidir por ellos, se quejan.

Todavía se está a tiempo para corregir y disponer de todo lo necesario para que el pueblo barí no sufra ninguna de las consecuencias que temen sus líderes, y para que se preserve su cultura ancestral, una de las más acosadas y vulneradas durante el último siglo, por razón del avance del progreso irracional.

Hay que avanzar en la solución de los graves problemas del Catatumbo, pero, por ningún motivo esto puede significar un detrimento ni en el modo de vida ni en la cultura ni en el territorio de los barí, y en hacer todo cuando se esté al alcance para resguardarlos tiene toda la responsabilidad el gobierno departamental. Los barí son, también, nortesantandereanos.

En relación con las culturas y los pueblos ancestrales hay dos maneras, muy diferentes, de enterar en la historia: como depredadores (acá hay que incluir a los que prefieren permanecer impertérritos), o como defensores. Es cuestión de decidir.

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