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Editorial
No es suficiente
Que cíclicamente la naturaleza se ensañe con nosotros es una circunstancia hasta ahora ineludible.
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Miércoles, 9 de Septiembre de 2015

En apariencia, invertir 1.5 billones en una región es un apoyo oficial suficiente para superar definitivamente muchos problemas sociales y económicos… Pero no en Norte de Santander, que desde hace tiempo largo encabeza las estadísticas nacionales de desempleo y de informalidad, mientras el contrabando genera una cultura que lo permea todo.

La inversión, a simple vista enorme, no es, sin embargo, suficiente para paliar una situación que no es de ahora, y que se agrava cada día que pasa, bien sea por la falta de interés del gobierno nacional o por el impacto de decisiones extranjeras, como es el caso de la actual crisis humanitaria.

Norte de Santander no ha perdido miles de empleos que le hacen falta, es que nunca los ha tenido, porque su estructura económica es muy débil y porque, tal vez por razón del abandono y del desinterés del gobierno por esta región, los habitantes han tenido que acudir a prácticas que han llevado a una cultura de tolerancia hacia lo ilícito bastante elástica.

En los diálogos de La Habana, con toda razón, las dos partes han declarado que una guerra de casi 60 años no se supera en pocos meses. Pues, lo que sucede acá es bastante parecido: un abandono de toda la historia no se supera con un contrato plan de 1.5 billones de pesos ni con un Conpes del Catatumbo de 1.7 billones.

Lo que este departamento necesita es un programa especial a muy largo plazo en el que se planteen soluciones de largo aliento que le permitan a Norte de Santander dejar los últimos lugares en cuanto a desarrollo físico y bienestar de su población.

Que cíclicamente la naturaleza se ensañe con nosotros es una circunstancia hasta ahora ineludible. Pero que el Estado central nos mantenga en el abandono y en el atraso, es una situación que debe cambiar.

Estos días, estamos enfrentando una injusticia mayúscula: Venezuela cerró su frontera y nos dejó sin a quién venderle nuestros escasos productos y sin una salida al mar para las exportaciones de carbón.

La deportación masiva inicial y luego la llegada de miles de colombianos que se vinieron para evitar mayores problemas al otro lado de la frontera le generaron a esta ciudad y a su vecina Villa del Rosario, una serie de problemas inesperados.

Ya, muchos de los repatriados dijeron que se quedarán acá. ¿Haciendo qué?, ¿en qué condiciones? No lo saben. Nosotros, tampoco, pero tenemos el temor de que, ante el acoso de las dificultades económicas, algunos salten la cerca de la ley penal, o refuercen las filas de la indigencia y la mendicidad.

El asunto es que la mayoría de estos miles de colombianos no son nortesantandereanos, de lo cual se puede concluir en que a Cúcuta, a Villa del Rosario y a Puerto Santander les toca enfrentar problemas que crean gentes de otras partes del país.

Si los que regresan fueran de los nuestros, quizás habría razón para no exigirle al Estado que ayude a solucionar este problema. Pero, no lo son. Así que, con toda la franqueza, alguien debe pensar en planes para llevar a estos colombianos a sus sitios de origen.

Ello ayudará a que el contrato plan y el Conpes y cuantos programas enuncien de verdad cumplan el objetivo de solucionarle la compleja problemáticas que agobia a este departamento.

Porque, como están las cosas, nada de lo que hasta ahora se ha diseñado para apoyar a Norte de Santander es suficiente. Por esto persiste la expectativa de verdaderas medidas de fondo que nos ayuden a cambiar a mediano y largo plazo

La verdad, Norte de Santander no necesita paños de agua tibia. Necesitamos mucho más.

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