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Editorial
No hay excusa
Si no invierte en educación, Norte de Santander seguirá marginado de todas las esferas de decisión.
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Lunes, 17 de Agosto de 2015

Estudiar en la universidad sigue siendo un privilegio, aunque poco a poco las posibilidades de hacerlo se amplían a todos los sectores de la población, en especial los que menos oportunidades han tenido y tienen.

Para los nortesantandereanos que menos beneficios del Estado reciben fue que el gobierno departamental destinó 2 mil 600 millones de pesos que ha repartido, hasta ahora, entre 2 mil bachilleres que desean estudiar en la universidad.

Es el programa de subsidios para la educación, que en la medida de lo posible ayuda a los buenos estudiantes nortesantandereanos a no quedarse a la orilla de la vía solo por falta de dinero. El subsidio está garantizado para toda la carrera, siempre y cuando el joven mantenga un promedio adecuado y asista a todas las clases.

Incluso, en una decisión discutible, pero necesaria, el departamento bajó de 3,7 a 3,5 el promedio de calificaciones de los aspirantes, a fin de reconocerles a algunos su situación de discapacidad, de pobreza extrema o de ser víctimas de la guerra, entre otras circunstancias.

Desde luego, no basta con el apoyo económico: es necesario que cada persona beneficiada destine toda su voluntad, sus ganas y su disciplina a la obtención de los resultados que son de esperar, y que no son diferentes de demostrar que somos más o al menos tan capaces como los demás.

Y para ello se tiene la colaboración de las dos universidades nuestras, y de las Unidades Tecnológicas de Santander (UTS) y del Instituto Superior de Educación Rural de Pamplona, que han facilitado todos los mecanismos de acceso a ellas, a fin de que ninguno de los estudiantes tenga problemas.

Así, quien no estudie es porque no quiere, pues dispone de todos los apoyos y todas las oportunidades que generaciones anteriores nunca tuvieron. Sería triste que alguien desperdiciara la ocasión.

Pero, el afán del gobierno nortesantandereano por ofrecerle a su gente todas las posibilidades de estudiar, no se quedó en los bachilleres.

Decidió apropiar una partida de 18 mil millones de pesos provenientes de las regalías, para que los profesionales nortesantandereanos puedan cursar estudios de posgrado dentro y fuera del país, a fin de permitir que el departamento comience a tener figuración en el campo de la investigación científica.

Capacitar a sus jóvenes bachilleres en la universidad y elevar el nivel académico de sus profesionales le traerá al departamento beneficios en un futuro cercano, pues tanto la empresa privada, como el Estado y las universidades podrán encontrar, con la rapidez necesaria, a los magísteres y a los doctores que requerirá para su desarrollo.

Si no invierte en educación, Norte de Santander seguirá marginado de todas las esferas de decisión y arrastrando una difícil realidad de universidades mal calificadas y de profesionales mal formados, como hasta ahora. Con algunas excepciones, claro.

Por eso, los programas oficiales de estímulo a los buenos estudiantes, tendrán que repercutir en todos los campos de la vida departamental, incluidos los más pobres y los más alejados de los principales centros urbanos..

Los jóvenes y los profesionales ya no pueden argumentar ni la falta de dinero ni de oportunidades para no estudiar. Ya no hay excusa válida para interrumpir la vida de estudios.

Si faltaba el dinero, ya no; si eran los cupos, ya los hay. Solo hay que ser pilos, para no quedarse atrás.

Pero si faltan las ganas y la decisión de estudiar, es por razón de los estudiantes, de nadie más.

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