La normalización de la transgresión es la interpretación que desde la Sociología se le da a lo ocurrido en Cúcuta frente al desorden registrado en las calles en cuestiones como el mal estacionamiento de carros y motocicletas.
Cúcuta, ciudad mal parqueada, fue el trabajo periodístico de La Opinión para empezar a mirar desde varias ópticas el asunto relacionado con la ocupación del espacio público.
Es que este problema tiene diversos hechos generadores que al final terminan afectando el libre tránsito de los peatones por áreas urbanas definidas para ellos y para la propia movilidad de los vehículos en las calles y avenidas de la ciudad.
Ya todo está dicho en cuanto a este comportamiento de dejar el carro en cualquier calle o de estacionar la moto en los andenes, sin que haya ningún respeto a la autoridad ni a las mismas multas estipuladas en el Código de Tránsito para esta clase de infracciones.
Esto nos hace acordar del exalcalde de Bogotá, Antanas Mockus, quien durante su administración desplegó una gran operación de cultura ciudadana en la capital del país para inducir a los ciudadanos a erradicar comportamientos que terminan afectando al otro y a entender que las normas son para cumplirlas, para de esa manera lograr una ciudad más ordenada.
La capital de Norte de Santander debería proceder a instalar una política pública en ese campo de la reeducación del ciudadano y de imprimirle que el amor por su tierra se demuestra aportando granitos de arena en su forma de actuar.
Por ejemplo. Si deja el carro en uno los parqueaderos autorizados, estará dando ejemplo y ayudando a que la movilidad fluya mejor porque ya no se está obstruyendo un carril. O también, no volver a dejar la moto en el andén, sino en un lugar adecuado, le devolverá el espacio al transeúnte.
Y si valoramos desde el punto de vista de la seguridad ese tipo de actuación, podemos decir que se le estará eliminando campo de acción a quienes hurtan vehículos o a los desvalijadores.
En este punto resulta necesario resaltar lo expuesto por el sociólogo Alberto Acuña Cordero al analizar lo sucedido en Cúcuta en ese aspecto en específico sobre la forma de actuar del cucuteño.
En su concepto estamos ante la “normalización de la transgresión”, consistente en una práctica que inicialmente es considerada incorrecta o ilegal, pero que se repite con tanta frecuencia que termina percibiéndose como cotidiana, tolerable e incluso legítima.
Ahí tenemos, entonces, suficiente material de análisis para llevar a la práctica una gran cruzada de responsabilidad cívica, de cultura, educación y de acatamiento de las normas, que nos conduzca a la eliminación de esa normalización de los problemas que ya estamos viendo lo costoso que está saliendo.
Debemos entender que las ciudades no son solo pavimento y hormigón. Por eso Cúcuta necesita ser educada sobre la forma de relacionarse sus habitantes con la capital nortesantadereana, haciéndoles entender que tienen unos roles básico dentro de la sociedad que finalmente terminarán conduciendo hacia transformaciones que la volverán más incluyente, cívica y amable. Esto no debe perderse de vista, porque los positivos cambios de comportamiento colectivo significan un paso en la dirección correcta.
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