Este viernes temprano comenzará un nuevo, aunque no definitivo, asalto en el combate de los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Venezuela, Nicolás Maduro. Será en la VII Cumbre de las América en Panamá, a la cual, por primera vez desde 1994 asistirán todos los 35 países de la Organización de Estados Americanos (OEA).
El pasado asalto quedó empatado, cuando de manera sorpresiva, aunque esperada, Obama sancionó a altos funcionarios del gobierno venezolano y congeló las cuentas que tenían en bancos de Estados Unidos y consideró que Venezuela es una “inusual y extraordinaria amenaza para la seguridad estadounidense”.
Maduro rechazó las sanciones, algo que también hicieron los opositores de la Mesa de Unidad Democrática, cuya actitud llevó a que los principales gobiernos del Hemisferio, incluido Colombia, también se mostraran en desacuerdo con Obama. Además, todos han guardado silencio ante acusaciones de Washington en el sentido de que el gobierno de Maduro viola los derechos humanos.
A la Cumbre llega, entonces, un Obama disgustado con muchos, con el ánimo de quitarle a Maduro el respaldo del Caricom (Comunidad Caribe), cuyos 15 países pueden dar a Estados Unidos un respaldo decisivo cuando haya que tomar decisiones, y de reclamarle al Continente que no le haga coro a sus acusaciones.
Vilipendiados alguna vez por Lewis Tambs, exembajador de Estados Unidos en Colombia, estos países pueden ser el próximo fin de semana decisivos para que el combate lo gane Obama. Es posible que ellos ya hayan olvidado las palabras de Tambs: “Algunos de los llamados Estados-nación latinoamericanos lo son sólo en nombre. Consisten en una bandera, un equipo de futbol y un puesto en Naciones Unidas. Llamarlos Estados soberanos es sólo cortesía, una diplomática ficción”.
Esos países han sido un baluarte para Maduro, gracias a Petrocaribe, un programa lanzado por el entonces presidente Hugo Chávez en 2005, para vender petróleo barato al Caribe a cambio de efectivo, y de bienes y servicios. Que de 22 mil millones de dólares que ha costado el programa, Caricom le deba unos 11 mil millones a Venezuela, no preocupa ni a Maduro ni a la revolución.
Lo que les preocupa es lo que se prevé que hará Obama en Panamá: ofrecerles a los países del Caricom —y quizás a los de Centroamérica— planes energéticos que les permitirá reducir su dependencia energética de Venezuela, que ha rebajado su cuota en un 20 por ciento en los últimos meses; “la caída de los precios del petróleo tiene al gobierno venezolano pasando aprietos económicos, por lo que la región debería empezar a mirar una alternativa como Estados Unidos”.
Aunque, la verdad, no se necesita del informe oficial de Washington para deducir que las afugias de Maduro y de Caracas son enormes.
Y quizás recuerde a su enviado de asuntos energéticos Amos Hochstein y su previsión: “Sí, Petrocaribe ha ofrecido un mecanismo financiero, pero con estos precios, estos son la oportunidad y el momento correctos para poder avanzar hacia un nuevo futuro que no sólo esté reemplazando la gasolina y productos de crudo de Venezuela, sino que en vez cree ese nuevo paradigma de seguridad energética”.
El hecho es que para los más pequeños del concierto de países americanos, no habrá mayores problemas de abastecimiento energético: por un lado tienen a Maduro, Venezuela y Petrocaribe, con un programa que no incluye agarrarlos del cuello para que paguen, y por el otro, a Obama y su oferta, y su augurio de que si Petrocaribe llegara a caer “debido a los acontecimientos en Venezuela, podríamos acabar con una grave crisis humanitaria en nuestra región”.
Más claro, ni el agua: vienen días en los que la claridad para Venezuela y su gobierno no dependerá de su petróleo. Y entre líneas esos días los anuncia el propio presidente Obama, en un abrebocas de lo que será la cumbre de 10 y 11.
