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Editorial
Opiniones y reparos
Haber sentado a Uribe frente al ministro de Defensa y al jefe de negociadores en La Habana es un logro importante para el papel mediador de EEUU.
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Jueves, 10 de Septiembre de 2015

Es tal el interés internacional en que Colombia se encamine por la ruta de la paz, que los Estados Unidos propiciaron dos reuniones entre el gobierno y el principal opositor al diálogo de La Habana, el expresidente Álvaro Uribe.

Nunca es tarde, para reuniones como las que se dieron por ocho horas, pero, en el caso concreto, quizás la mejor oportunidad para exponer opiniones y reparos y para explicarlos, pasaron hace mucho tiempo.

En la tardanza está, quizás, la principal razón para que el país se haya dividido en cuando al proceso de diálogo, y para que Uribe haya casi que puesto en peligro toda la negociación y el futuro del país.

En relación con el proceso, nada está acordado si todo no está acordado, pero, en cierto modo, tener a Uribe sentado frente a Humberto De la Calle en casa del embajador de Estados Unidos hablando de las posibilidades de paz, muy probablemente haya sido la ocasión esperada por todos para que el gobierno pueda cubrir del bombardeo de los opositores el proceso al que le ha dedicado tantos recursos, tantas energías, y allanar obstáculos para facilitar la materialización del acuerdo escrito en el documento inicial.

Según De la Calle y el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, explicaron con franqueza que a pesar de que las reuniones constituyen “una buena noticia”, gobierno y oposición realizaron un ejercicio democrático en el que las partes expresaron y oyeron explicaciones y de formular reparos, en un clima de respeto absoluto

Sin embargo, de todas estas actitudes, la que realmente importa es la de Estados Unidos y su gobierno, que está actuando como intermediario entre el gobierno y Uribe, con la intención de que no haya mayores obstáculos en los días finales de negociación y un acuerdo lleve hacia la paz con las Farc.

A Estados Unidos le ha convenido siempre mantener tranquilo su entorno más próximo, algo de lo que se ha hecho consciente sólo en los últimos tiempos, actitud que queda palpable en la reanudación de relaciones plenas con Cuba, el mejoramiento con Venezuela, y su intervención para propiciar la tranquilidad en Colombia.

No es que a Washington no le interese la opinión de Uribe, pues al fin y al cabo representa la opinión de un sector social y político influyente y con poder; pero, quizás, le interese más el futuro, con un Hemisferio tranquilo, sin mayores sobresaltos, a fin de poder dedicarse a negociar en otros lugares del mundo.

Que a la salida de la segunda reunión Uribe haya expresado discrepancias con el gobierno y los negociadores no significa mayor inconveniente en la negociación, pues el gobierno ha dicho que todos los acuerdos tendrán la aprobación popular, mediante un mecanismo en estudio. Uribe insiste en que lo que hará el presidente Santos será una derogatoria de la Constitución, lo cual cabe en un discurso opositor, mas no en una medida gubernamental.

Si la derogatoria constitucional fuera cierta, lo más probable es que la reunión que propició Estados Unidos hubiera tenido un sentido diferente del de acercar a la oposición hacia las negociaciones.

Quizás Uribe no hubiera sido invitado a una cita en la que el gobierno estaría frente al dedo señalador del embajador de Washington.

De todos modos, haber sentado a Uribe frente al ministro de Defensa y al jefe de negociadores en La Habana, es ya un logro importante para el papel mediador de Estados Unidos, que casi en silencio juega alfiles y peones en busca de mantener su liderazgo e imponer sus decisiones.

Porque si Estados Unidos no quisiera una Colombia en paz, los diálogos de La Habana hubieran terminado de manera abrupta casi desde su comienzo.

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