El 21 de junio de 2026 queda marcado como el domingo en que los colombianos volvieron a ir a las urnas para definir, con el ejercicio del voto libre, quién será el presidente durante el periodo 2026-2030.
El llamado en esta oportunidad es a cumplirle una muy importante cita al país para que sus instituciones sigan siendo sólidas en medio de las obvias diferencias y del respeto de los poderes públicos.
Ir a la urna a expresarse es uno de los momentos trascendentales para el ciudadano.
Lo óptimo es depositar el voto informado en el entendido que, en este caso, se le entregará al candidato de sus preferencias, la responsabilidad de manejar los destinos de Colombia.
Saber cómo se comportará el aspirante en asuntos que tienen que ver con la economía, la seguridad, la salud y educación, las cuestiones fiscales, la deuda, el respeto de los derechos humanos, el apoyo a la pequeña y mediana empresa, el empleo, entre otros, no es un asunto menor.
Que no haya constreñimiento alguno es, igualmente, indispensable. La Constitución y la ley son muy claros en que las presiones al elector no deben tener cabida para no afectar el derecho a elegir y ser elegidos.
Ahí aparece uno de los fantasmas más riesgosos, el cual se relaciona con los grupos armados ilegales que en diversas regiones tratan de influir entre los votantes para que respalden a determinada candidatura.
Para que esto no suceda es que el Plan Democracia tiene una gran importancia, al igual que la veeduría nacional e internacional, aparte de los órganos de control y las autoridades electorales.
Es igualmente urgente proteger a las elecciones de la corrupción, manifestada en el ofrecimiento de dinero a cambio de marcar el tarjetón en favor de uno u otro proyecto político, al igual que dádivas en especie, puestos o contratos.
En las últimas semanas se han escuchado persistentes advertencias y denuncias sobre ese riesgo para el voto libre, lo cual no puede permitirse que suceda por su efecto nocivo para la democracia misma.
Pero también la ciudadanía tiene que salir en paz a las mesas de votación para marcar una gran participación que permita bajar los índices de abstención en estas justas electorales.
La alegría, la calma y la tranquilidad tienen que ser -mañana- las acompañantes de quienes en Norte de Santander acudan a las urnas a depositar los tarjetones en esta segunda vuelta presidencial por quien consideren que tiene el mejor proyecto de país.
La invitación a esta fiesta democrática está extendida. Hay que tomar, entonces, la cédula para avanzar hacia los colegios electorales y pensando en el futuro diligenciar la tarjeta electoral.
La otra recomendación es dejar en casa –a manera de metáfora- el miedo y la zozobra. Estos escenarios no resultan siendo los adecuados para las votaciones. Además, las autoridades son las encargadas de que no ocurran incidentes graves o hechos que entorpezcan esta noble tarea ciudadana.
Este domingo, los colombianos le ratificarán al mundo su talante democrático con un proceso electoral diáfano y en paz.
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