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Editorial
Pecado contra natura
Senda ambientalmente insostenible. Tal cual, en esas palabras define el Plan Nacional de Desarrollo lo que está pasando en Colombia.
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Miércoles, 17 de Junio de 2015

Senda ambientalmente insostenible. Tal cual, en esas palabras define el Plan Nacional de Desarrollo lo que está pasando en Colombia por razón de un crimen que solo conmueve en los titulares de prensa, si acaso.

O, acaso, ¿las numerosas organizaciones que dicen defender el medio ambiente han dicho esta boca es mía contra los atentados de la guerrilla contra la naturaleza?

¿Dónde están tantos autoproclamados defensores de la Madre Tierra cuando un tubo de un oleoducto vuela hecho añicos y el crudo brota, incontenible, oscura sangre derramada a mansalva, y cubre colinas, anega sabanas y se mezcla con el agua pura de todas las fuentes en las cercanías?

¿Qué han hecho, en cada oportunidad, tantas oenegés que se atribuyen defensa y casi propiedad de la naturaleza? ¿Cuántas marchas y dónde, han organizado contra el rosario de atentados de las Farc y el Eln contra la infraestructura petrolera?

¿Quién ha elaborado un censo, al menos aproximado, de lo aniquilado, dañado y contaminado por las bombas o por los saqueadores del petróleo entubado, o de las decenas de miles de hectáreas de selva revolcadas para sembrar coca, o de las otras centenares de miles de hectáreas envenenadas con mercurio, arsénico y tantos otros químicos dedicados a la minería ilegal?

¡Qué fácil! es escribir y difundir comunicados e imágenes de familias miserables que debieron ocupar un humedal para tener un sitio donde vivir y exponerlas, a modo de escarnio y escarmiento, a la luz de las cámaras. Y no es que los defendamos, pero los comprendemos.

Lo que no se comprende es la actitud de silencio absoluto de tantos paladines, cuestionables defensores del medio ambiente, cuando el atentado tiene origen en un poder que no se anda por las ramas. Entonces, todos a una, vuelven la mirada hacia otro lado, pero, además, cierran los ojos.

Hace poco, el exministro del Medio Ambiente Manuel Rodríguez, dijo que los atentados guerrilleros contra la infraestructura petrolera son un escándalo mundial, y sugirió que la Comisión de la Verdad acordada en La Habana entre el gobierno y las Farc se ocupe del tema, “porque los daños son muy grandes, desde hace muchos años y de muy diverso tipo”.

Además, se refiere al desastre de La Macarena, joya ecológica del planeta, a la que, según él, atravesaron con una carretera construida con maquinaria robada al Estado, para transportar coca.

Y condena a las Farc, pero también, y con ello estamos de acuerdo, critica la actitud del país, que solo se escandaliza cuando ocurre este tipo de hechos, pero no otros, como la intervención sin control en los páramos, la explotación minera ilegal, la destrucción de bosques para los cultivos ilícitos o el avance desmedido de la frontera agrícola en todo el territorio.

En nuestro medio, basta ver el lamentable estado de los ríos tutelares, para medir el ritmo de destrucción de la naturaleza. Algunos estudios indican que, con el actual rimo de contaminación y de deforestación en las cabeceras, dentro de 20 años, el río Pamplonita, para no ir lejos, podría ser un mero recuerdo fotográfico.

Según el Plan Nacional de Desarrollo, señala que hay un desbordamiento en lo que se refiere a la destrucción de la naturaleza, que nos puede hacer económicamente insostenibles.

Y a nadie le preocupa, todos tan campantes. Es como si la naturaleza, víctima indefensa y silenciosa de todos, no existiera. Como si hubiera muerto antes de tiempo.

Ojalá los que se dicen defensores de las causa verde, y de la azul, lloren hoy por lo que le hacen al país, que no dejen para mañana, cuando quizás no haya por qué llorar.

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