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Editorial
Pimpineo a la baja
La reduccion en el precio de la gasolina ilegal se ha notado, los más afectados los pimpineros.
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Martes, 14 de Julio de 2015

“Estamos nadando en gasolina”, describió, muy gráfico, alguien que conoce bien del asunto. “Nadie quiere perder, y entonces hay que vender a como se pueda, con el fin de recuperar algo de la inversión”.

Quienes compran combustibles ilegales, en especial gasolina, lo han notado: los precios cayeron 35 por ciento en las últimas dos semanas. Pero, tal vez no se enteraron de las razones para el drástico abaratamiento.

Hace dos semanas, un galón de gasolina de contrabando costaba 5 mil pesos en cualquiera de los miles de puestos de pimpinas de Norte de Santander. Hoy vale 3 mil 500, que pueden ser menos si el comprador es regateador y si el vendedor está un poco más apurado que sus colegas por salir de sus inventarios.

¿Por qué a nuestros pimpineros ya no los están acompañando ni la prepotencia ni la displicencia de hace unos días, cuando incluso se negaban a vender si alguien les pedía una leve rebaja en el precio?

Su amabilidad y su humildad en el trato con los clientes tienen que ver con que en Cúcuta estos días hay más gasolina ilegal de la acostumbrada, debido por un lado a la reformada ley anticontrabando, y por otro, a la actitud venezolana de vender en sus estaciones toda la gasolina que se necesite en los dos lados de la frontera.

En consecuencia, muchos más automovilistas venezolanos traen a Cúcuta los tanques de sus autos llenos, venden el combustible y regresan. Antes actuaban igual, pero la traían en menores cantidades, por cuanto la venta estaba controlada.

Pero, la principal razón, según los propios vendedores callejeros, tiene que ver con los controles de la Policía Fiscal Aduanera (Polfa), que impiden que carrotanques de las mafias, cargados de combustible ilegal, pasen hacia el centro del país.

Así, miles de galones de gasolina que cada noche viajaban por Pamplona y Ocaña hacia el interior de Colombia, están llenando los depósitos clandestinos de Cúcuta.

“Estamos nadando en gasolina”, describió, muy gráfico, alguien que conoce bien del asunto. “Nadie quiere perder, y entonces hay que vender a como se pueda, con el fin de recuperar algo de la inversión”.

Inversión que no es significativa: son unos pocos pesos, una suma ridícula, si se la compara con los dinerales de que disponen los grandes traficantes, a los que busca el gobierno para aplicarles la vituperada ley, y como quedó claro aquí ayer en el encuentro entre funcionarios de varias dependencias nacionales y voceros de los pimpineros.

En la reunión quedó claro que en Norte de Santander hay unas 25 mil personas dedicadas al comercio ilegal con los combustibles traídos de contrabando de Venezuela; tal cifra es la que enfrentaría problemas económicos en caso de hacer más drásticos los controles a la entrada de gasolina.

Para esas personas habrá programas especiales de formación empresarial y de apoyo financiero. Para las grandes mafias y para las bandas criminales, el gobierno ya tiene dispuestas acciones que pretenden desvertebrarlas y eliminarlas.

El control carretero, que está impidiendo que los carrotanques pasen, es una de esas acciones, y por lo que se percibe en Cúcuta con los precios a la baja, está dando los resultados esperados.

Queda claro     que es posible, con un pequeño esfuerzo, con  algo de constancia, pero, de manera especial, con determinación, enfrentar con éxito el delito, cualquiera que sea. Si hay voluntad, los buenos resultados de obtienen. Eso es fácil de entender.

Lo que nadie entiende es por qué antes no se hacían esos controles carreteros, por qué se permitía el paso de decenas de miles de galones, como si nada anormal estuviera ocurriendo, por qué las mafias tenían el paso libre con su gasolina y con otras mercancías. ¿Desidia? ¿Falta de voluntad? ¿Corrupción?

Sería oportuno que desde el gobierno alguien dijera qué se está haciendo, para saber así qué se estaba dejando de hacer, y por qué.

 

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