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Editorial
Por los ríos y la vida
Ya son varias, y cada vez con mayor premura, las advertencias de organismos especializados en favor de cuidar los ríos que le dan vida a Cúcuta.
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Lunes, 8 de Junio de 2015

Ya son varias, y cada vez con mayor premura, las advertencias de organismos especializados en favor de cuidar los ríos que le dan vida a Cúcuta.

Sin embargo, es poco, por no decir nada, lo que hacemos los cucuteños para garantizarles al Pamplonita, el Zulia y el Táchira, su condición de corrientes naturales y de generadores de vida.

Los tres ríos de la zona mueren a la vista de todos, en una agonía acelerada que a nadie parece conmover.

Cuidarlos, garantizarles la vida, no es labor solo de las autoridades del Estado, sino de todas las personas, en especial de las que nos debemos a ellos.

No se puede olvidar: sin el agua de estos ríos, Cúcuta no sería la ciudad que es hoy; por eso, rescatarlos de su estado de postración, cuidarlos con determinación, será cuidar la ciudad y asegurarle el futuro.

Según expertos, de seguir el nivel de deforestación, al Pamplonita le podrían quedar unos cinco años de vida, pues sin bosques, la fuente del río moriría y la corriente con ella.

Y, así, el acueducto metropolitano quedaría en riesgo de ser solo un estudio en papeles, nada más, porque la misma situación podría afectar al Zulia.

Según documentos de Planeación Nacional, para el acueducto metropolitano se dispondría de 1,95 metros cúbicos por segundo de agua del río Zulia, y de 1,36 metros del Pamplonita.

Sin esos aportes de agua, no es posible el acueducto. Sin acueducto, no es posible la ciudad que imaginamos para el futuro mediato.

El limítrofe Táchira podría estar, sin embargo, en peor situación, por cuanto a su rescate deben acudir dos países, uno de ellos con muy pocas probabilidades de intervenir.

Del cuidado de los ríos tutelares, como del agua y del medio ambiente, somos responsables todos, y de lo que pueda ocurrir si no hay cuidado, también, no solo las autoridades.

Por eso, todos debemos apoyar, con toda decisión, iniciativas como la Alianza BioCuenca, propuesta por la Agencia de Cooperación Alemana (GIZ) y apoyada, entre otros organismos, por la Cámara de Comercio de Cúcuta y la compañía Bavaria.

Proteger los ríos implica, igualmente, preocuparse por sus cuencas y, en especial, por sus orígenes, en el caso del Zulia y el Pamplonita, el páramo de Santurbán.

Según la Alianza, firmada hace pocos días, para garantizarles a los ríos su vida hay que proteger al menos 500 hectáreas de las dos cuencas.

Para ello, del millón de personas beneficiadas con el proyecto, todos debemos colaborar en cuanto podamos. Una forma fácil consiste en evitar que las basuras queden tiradas en las calles, porque definitivamente llegarán al Pamplonita.

Nuestros ríos están, como se dice popularmente, en las últimas, sobre todo el Táchira y el Pamplonita, pero hay una esperanza de revertir su proceso de desaparición, y la alianza tiene mucho que ver con esa posibilidad de revitalizarlos.

En los últimos años, la iniciativa de defensa de la naturaleza parece haberse centrado en los niños y jóvenes, que han hecho de las aulas las primeras barricadas de defensa de lo vivo.

En este momento, ellos son y deben ser nuestros maestros en el propósito de preservar la naturaleza, de defender las cuencas y de garantizarles el agua a las generaciones del futuro.

Los adultos no podemos ser menos que el compromiso que de manera voluntaria aceptaron nuestros hijos, más conscientes que nosotros de lo que puede ser un futuro sin agua, sin el verde de la naturaleza, sin el azul del planeta. Y todo depende de pequeños esfuerzos en favor de cada gota de agua.

Con su labor en defensa de la naturaleza, los muchachos nos están indicando lo que desean para el futuro. ¿Por qué no dárselos, si ellos mismos están contribuyendo a darle forma?

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