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Editorial
Promesa por cumplir
Son grandes los retos que implica este cese al fuego pero ambos actores deben tener claro que del éxito depende que se firme la paz.
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Martes, 21 de Julio de 2015

El inicio del nuevo cese al fuego  anunciado por las Farc y que cobró vigencia ayer, marca el comienzo de una nueva oportunidad de esta guerrilla para recobrar credibilidad ante el pueblo colombiano, cuya paciencia parece agotarse frente a las reiteradas acciones violentas en contra de la infraestructura del país, sus recursos naturales y de sus habitantes.

Esta decisión unilateral, la segunda desde que se inició el proceso de paz, es un acontecimiento importante, pues a pesar de que la condición inicial fue negociar en medio del conflicto, las reiteradas promesas incumplidas de desescalamiento por parte de las Farc han generado una oposición de los colombianos al proceso, al punto de que más de la mitad de los colombianos, el 62 por ciento, no cree que los diálogos vayan a terminar en un acuerdo que ponga fin al conflicto armado según  la más reciente encuesta de Gallup.

El escepticismo con el que se asume este nuevo tiempo, tiene como antecedente una serie de atentados contra la fuerza pública –entre los que se cuenta el secuestro del subteniente Cristian Esteban Moscoso Rivera– y contra la infraestructura petrolera y energética –entre ellos el peor daño ambiental causado en la historia del país– generados desde que la guerrilla suspendió el cese al fuego que decretaron el pasado mes de diciembre.  Fue tal el recrudecimiento de sus acciones que junio fue el mes más violento en los más de dos años y medio que lleva la negociación, con 83 ataques.

Norte de Santander ha sido uno de los departamentos más afectados.   

Comienza entonces un nuevo intento por encarrilar de nuevo el proceso de paz en lo que ha sido su momento más crítico desde 2012, como bien lo ha reconocido el mismo jefe negociador Humberto de La Calle.

La apuesta del Gobierno es acelerar los diálogos en Cuba y destrabar los acuerdos en puntos clave, como establecer conjuntamente el tipo de pena que pagarán los jefes de las Farc y otros actores del conflicto responsables de delitos graves, al tiempo que se logra recuperar la confianza de la gente en este proceso, tan necesario para empezar a pasar la página del conflicto y para impulsar al país hacia un nuevo horizonte.

Serán cuatro meses que se constituyen en una oportunidad de oro de las Farc. Cuatro meses en los que podrán demostrar su voluntad de paz y reafirmar que sus líderes en La Habana sí son capaces de imprimir en sus filas las directrices de desescalamiento de la guerra y acciones humanitarias como no reclutamiento de menores y no secuestros, entre otras acciones.

Las Farc han advertido que durante este cese al fuego usarán la legítima defensa y es precisamente este punto en donde radica lo complejo de todo este asunto: ¿cómo evitar la confrontación y lo que se deriva de ella cuando las Fuerzas Armadas deben seguir combatiendo delitos como el narcotráfico en zonas donde además de las Farc, hay presencia de otros actores armados?

Son grandes los retos que implica esta pausa pero ambos actores deben tener claro que del éxito de este periodo acordado depende, en buena medida, que se firme la paz.

Sea cual sea el resultado, no puede olvidarse bajo ninguna circunstancia que será el pueblo colombiano el encargado de refrendar los acuerdos alcanzados, si así llegare a suceder. En otras palabras, son ellos los que tienen la última palabra y por ello, es importante convencerlos de que sí hay una voluntad de dejar atrás más de medio siglo de guerra.

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