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Editorial
Que despierten
Si hasta ahora no ha surgido un brote de cualquier enfermedad animal, es por la buena suerte que aún nos queda en Colombia. Pero el riesgo fue enorme.
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Viernes, 11 de Septiembre de 2015

Toda la razón la tuvo Julio Flórez, aquel poeta maldito que, quizás en medio de la resaca de la chicha, exclamó que “Todo nos llega tarde ¡hasta la muerte!, y lo escribió.

Y es que, en realidad, en Colombia y cuando se trata de asuntos del Estado, todo llega tarde, cuando llega. Y casi siempre las razones son desidia, negligencia, desinterés y falta de iniciativa.

Un ejemplo claro de esto lo brindó el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), un organismo de control cuyos responsables acaban de aterrizar: casi tres semanas después de que los colombianos salieron en estampida de Venezuela, con sus animales de corral a cuestas, ordenaron una emergencia sanitaria en la frontera binacional.

Una emergencia sanitaria, en una larga zona fronteriza donde lo menos que puede esperar el país es que se ejerzan controles permanentes, para evitar que, con el trasiego de ganado vacuno por las trochas, lleguen reses enfermas y generen una epidemia.

Se sabe que, además de otras enfermedades, en Venezuela hay aftosa, Newcastle y brucelosis, que pueden causar estragos en la economía de cualquier nación. Y se sabe en Colombia desde hace mucho tiempo, menos en los mullidos sillones y los escritorios de la burocracia del ICA.

En una frontera tan porosa como la nuestra, los controles sanitarios se ejercen en los pasos legales, por donde llegan animales legalmente exportados. Por esta razón, no es que sea inoficioso que el ICA actúe, sino que no se encuentra razón para que no haya la vigilancia estricta que se requiere en los pasos ilegales, que son decenas.

Los exportadores cuidan mucho de que los animales que venden al exterior vayan en óptimo estado de salud. Que el ICA controle a los que llegan al país, es apenas obvio, aunque sea difícil encontrar en ellos vestigios de enfermedad. En cambio, ¿qué garantía hay de que el contrabando respeta las normas sanitarias? Ninguna, pero eso parece no importarle a nadie en el Estado Colombiano.

Desde el segundo día de la crisis fronteriza, los colombianos que regresaban por el río traían aves de corral, cerdos, perros, gatos, cabras y hasta vacas. Incluso, a los pocos días hubo una especie de feria de emergencia, en la que se comercializó mucho de todo lo que llegó. Es de suponer, que esos animales fueron a dar a muchas zonas. Pero, ¿quién garantizó de que estaban sanos? Nadie. El ICA andaba ocupado en otros asuntos.

Si hasta ahora no ha surgido un brote de cualquier enfermedad animal, es por la buena suerte que aún nos queda en Colombia. Pero el riesgo fue enorme.

El ICA cayó en la cuenta de lo que podía pasar cuando un reportero de este diario llamó a ese organismo a preguntar por qué no se ejercía control sanitario en los animales que cruzaban el río. “No tengo respuesta, informaré a Bogotá”, respondió el empleado.

La respuesta sí la hubo, casi tres semanas después, cuando ya la gente ni siquiera está pasando. Lo que iba a llegar en materia de animales y de enfermedad ya llegó y pasó de largo para el interior del país, al menos en lo relacionado con la emergencia. Porque a través de las trochas siguen llegando reses, cerdos, pollos, y el ICA ni se entera, o si se entera, no le inquieta.

Quizás por esa falta de actividad, hace poco tiempo, tres funcionarios del ICA en Cúcuta se dedicaron al contrabando de ganado, mediante la falsificación de documentos, y los descubrieron, juzgaron y condenaron.

Lo que hace el ocio, cuando los responsables de los organismos del Estado solo ven lo que les conviene, y actúan en consecuencia…

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