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Editorial
Qué difícil es caminar
Hoy, el peatón tiene prácticamente perdido el espacio público, porque seguimos sin una política estructural y transversal para lograr un cambio extremo.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 21 de Septiembre de 2026

El centro de Cúcuta no solo tiene el volumen al límite sino también una desbordada ocupación de andenes y calles, asuntos que siguen ahí en la carpeta de pendientes y que se han extendido hacia otras zonas de la ciudad.

Para dar un ejemplo, qué difícil se volvió caminar por la esquina diagonal al antiguo Banco de la República a escasos metros de la Alcaldía, la cual está tomada por las ventas ambulantes.

Hoy, el peatón tiene prácticamente perdido el espacio público, porque seguimos sin una política estructural y transversal para lograr un cambio extremo que incluya reordenamiento, recuperación y opciones para superar los factores que lo generan.

El desempleo, los altos índices de informalidad y la falta de oportunidades, un modelo económico que no absorbe la oferta laboral y que debería fortalecer el tejido empresarial,  el desplazamiento, la migración y la violación de las normas terminan por generar esa ocupación descontrolada.

El habitante de la capital nortesantandereana se encuentra entonces con andenes por los cuales resulta imposible caminar, bien sea por las ventas informales o por motocicletas estacionadas en esos lugares supuestamente reservados para el peatón.

Aunque también en muchos lugares los comerciantes formales aportan su cuota al desorden al extender sus negocios hasta la calle.

Y a este paisaje cucuteño debemos agregarle el prácticamente normalizado estacionamiento de carros y motos en las vías que congestionan el tráfico vehicular y se convierten en otro obstáculo a veces insalvable.

Y viene el condimento adicional de otras actividades no permitidas en plena calle y las carreras con sus megáfonos que mezclados con el ruido de los pitos y vehículos desatan la contaminación auditiva.

La verdad es que este problema, muy ligado a la ciudad en las últimas décadas, hoy da muestras de descontrol.

Las distintas autoridades municipales, con urgencia, están llamadas a tomar acciones reactivas, inmediatas,  y estructurales, de mediano plazo, en todos esos frentes.

Al tratarse de una cuestión transversal se advierten que las aristas a trabajar son por ejemplo el traslado de la Central de Transporte, generadora de múltiples problemas en la zona en que encuentra, y en la adopción de una real política de control de tránsito que sea inflexible frente al mal parqueo, que en la actualidad sigue siendo un 'invasor' de primera categoría en la ciudad, ante la falta de autoridad.

Pero en simultánea hay que insistirse en la transformación y vigorización de nuestra economía con un modelo productivo fuerte, la expansión hacia las actividades de las TIC y un programa de reconversión para que los vendedores callejeros pasen a convertirse en emprendedores, con ayuda financiera y respaldo especializado para la consolidación y despegue de los negocios.

Y también en la macroeconomía hay que avanzar hacia la consolidación del desarrollo binacional, en el que la gente de frontera no se quede como espectadora del paso de las mercancías hacia uno y otro mercado sino que el crecimiento del intercambio también se refleje en el desarrollo socio-económico de la zona e incluso que permita convertir a Norte de Santander en un jugador estratégico para suplir necesidades del mercado venezolano.


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