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Editorial
¿Quién responde?
¿Quién le devolverá al joven de la foto la honra que le arrebataron en los medios en decisiones irreflexivas? 
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Lunes, 27 de Julio de 2015

Es la condición humana. Un hombre o una mujer pueden llegar al extremo que sea, con tal de obtener un beneficio, así sea mínimo, sin importar ni consecuencias ni a quien se involucre: en la cultura del todo vale, lo único sin valor son los valores.

Aunque no es muy frecuente una situación así, la creada por la conductora del autobús del Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá y madre de tres hijos, que denunció que tres pasajeros, dos hombres y una mujer, la violaron mientras ella cumplía una jornada de trabajo, es para sentarnos a reflexionar sobre quiénes somos.

La ofendida mujer ofreció tal cantidad de detalles de su principal violador, que los medios de comunicación publicaron, incluso, la fotografía real y ofrecieron detalles de la forma como la Policía lo capturó en un restaurante de Mesitas del Colegio, cerca de Bogotá.

El Estado ofreció recompensa de 10 millones de pesos por información sobre el infame trío que atropelló a la indefensa conductora y la abandonó, semidesnuda y con visibles muestras de violencia, en un descampado solitario de la capital.

Colombia se solidarizó con la mujer, clamó y logró mayor seguridad para todo el SITP, y maldijo al trío de criminales que se atrevió a una infamia que repercutió en la televisión mundial, como ejemplo del salvajismo al que se puede llegar en este país.

Nunca antes, en las redes sociales, se escribieron tantas barbaridades juntas, en una sociedad como la colombiana en la que la procacidad y al vituperio aleve son el lenguaje más popular del anonimato criminal y del sicariato moral en el cibermundo.

Pero, nada de lo anterior fue cierto: jamás hubo tal violación, según confesó la denunciante: todo lo inventó en un afán por reforzar su petición ante la empresa SITP para que la cambiaran de una ruta y un turno que le disgustaban. Como si aclarar lo que hizo fuera suficiente…

¿Quién le devolverá al joven de la foto la honra que le arrebataron en los medios en decisiones irreflexivas? ¿Cuál será el primer medio que le ofrezca disculpas, y cuál el policía que le pida perdón por haber filtrado la imagen que entregaron a la prensa?

Luego de que la Policía aclaró lo sucedido, vino una avalancha de comentarios en las redes sociales que causan asco: los participantes en los foros se dividieron entre quienes descargaron toda su podredumbre verbal contra la mujer, y los que insistían en que todo fue cierto, pero quizás el dinero o el temor a un atentado hicieron que la denunciante se retractara. El lenguaje fue el mismo usado el fin de semana contra el trío de inocentes acusado de una bellaquería que solo cabe en la cabeza de la chofer.

Es la condición humana, esa manera en que reaccionan los seres humanos o hacen frente a los acontecimientos, que puede hacer de una persona una especie de dios o una clase de demonio con solo hacer un balance instantáneo de lo que puede obtener a cambio de actuar en determinado sentido.

Es la condición humana, la que lleva a que una conductora de autobus, tal vez una madre sacrificada por sus tres hijos, imagine una bajeza como la que denunció a los policías que la hallaron semidesnuda, solo para obtener un beneficio que quizás de otra manera le ha sido negado.

Es la condición humana la que lleva a algunos policías a filtrar fotos y detalles de un acusado, obviando la posibilidad demostrada de su inocencia, y luego a callar, no tanto abrumado por su arrepentimiento, sino por el afán de tomar distancia de las responsabilidades y las culpas.

Es la misma condición que lleva a algunos periodistas a confundir su papel y hacerse jueces, y a los lectores a la desesperada aniquilación de cualquier víctima, siempre culpable para ellos, aunque su inocencia sea tan grande como una catedral.

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