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Editorial
Santurbán
Es uno de los ecosistemas estratégicos más importantes del país y cualquier acción en su contra es de controversia.
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Jueves, 16 de Julio de 2015

El agua será, así, más valiosa que cualquier mineral, lo que justifica la acción de los conservacionistas y de quienes derivamos la vida del agua que nace entre los frailejones de Santurbán.

Lo que piden los ambientalistas de Santander y su colectivo de abogados es que el gobierno nacional baraje y reparta de nuevo en lo relativo a delimitar el Páramo de Santurbán. Así lo exigieron en una acción de tutela que el Tribunal Administrativo de Bucaramanga admitió para revisión.

La acción judicial es continuación de la más importante batalla ambientalista en Colombia en los últimos años, por cuanto en ella están involucrados directamente los habitantes de 20 municipios que beben el agua producida en el páramo (Cúcuta, entre ellos) y cuatro de las más poderosas multinacionales del oro en el planeta, entre los principales contrincantes.

Santurbán es uno de los ecosistemas estratégicos más importantes del país, y por ello, cualquier acción en torno suyo genera de inmediato controversia. El gobierno lo delimitó en diciembre, y declaró intocables 98 mil 954 hectáreas (76 por ciento del total), que en el futuro serán 125 mil, incluyendo 92 lagunas glaciales y cinco parques naturales regionales.

En criterio de los ambientalistas, muy pocas personas conocen los límites del páramo, razón por la cual exigen que el gobierno anule lo que hizo y lo haga de nuevo.

En la superficie está este problema de forma, pero, en el fondo, lo que en verdad se agita es la controversia entre el Comité de Defensa del Agua y del Páramo, por una parte, y cuatro grandes mineras encabezas por AUX —del quebrado inversionista brasileño Eike Batista y vendida recientemente a un grupo de Catar por 400 millones de dólares—, la canadiense Eco Oro —antigua Greystar Resources—, así como Leyhat y la sudafricana Anglo Gold Ashanti.

Las empresas tienen la esperanza de explorar y explotar las enormes reservas de oro y plata que hay en las entrañas del páramo, a pesar de que el ministro Gabriel Vallejo López, de Ambiente, dijo que eso no ocurrirá en las que llamó áreas intocables, y recordó la prohibición contenida en las leyes 1382 de 2010 y 1450 de 2011.

Aunque suene un poco rudo, la dinámica del conflicto de Santurbán es cada día más intensa, como más poderosos son los intereses de las partes, que en tres palabras se puede sintetizar como oro o agua, lo que es igual a decir, el dinero o la vida.

Norte de Santander tiene mucho que ganar o que perder: 28 de sus municipios beben agua nacida en el páramo, en el que, además, 20 de ellos tienen territorio allí.

Un aspecto en el que poco a ningún interés se ha puesto es en el relacionado con Venezuela, a donde, finalmente, llega parte del agua de Santurbán. Una eventual falta del líquido, por negligencia en el cuidado de las fuentes del páramo y de los ríos, podría generarle a Colombia malos ratos, si el gobierno de Caracas decide reclamar.

No se puede pasar por alto la advertencia de los científicos y analistas, en el sentido de que el agua será la causa de las próximas guerras.

El agua será, así, más valiosa que cualquier mineral, lo que justifica la acción de los conservacionistas y de quienes derivamos la vida del agua que nace entre los frailejones de Santurbán.

Es imperioso, defender el páramo, sin importar qué riquezas haya en su interior ni qué posibilidades económicas se puedan generar: nada es más valioso que la diva de 2,5 millones de colombianos que bebemos el agua de allí.

Por ahora, la tutela busca que se supere un problema de límites que no han sido socializados. Pero, más tarde, la pelea será por la defensa de esos límites, porque será la defensa de la vida actual y la futura.

 

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