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Editorial
Soluciones a medias
Los grandes problemas de una ciudad merecen grandes soluciones. Sin embargo en Cúcuta, esa premisa parece no aplicarse del todo.
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Martes, 26 de Mayo de 2015

Ante la crítica situación de movilidad generada por la falta de semáforos –el 90% de las señales luminosas permanecen fuera de servicio– se ha planteado una solución que francamente se queda corta, muy corta, y que está lejos de ofrecer una alternativa óptima como la que los cucuteños merecen.

El pasado 5 de febrero la alcaldía anunció una licitación por 7.500 millones de pesos para instalar una central de semáforos y unos 250 equipos inteligentes en las vías más críticas por la falta de esa herramienta.

En ese momento el alcalde Donamaris Ramírez afirmó que se aspiraba a reponer, al menos, la mitad de los semáforos que se quedaron sin funcionar por la falta de mantenimiento preventivo y correctivo.

Se procedió entonces a contratar un estudio de consultoría que sirviera de base para realizar este trabajo. Dicho estudio debía determinar cuáles son las intersecciones más críticas en materia de flujo de tráfico y de accidentes para establecer un orden de cambio prioritario, definir la forma en la que operaría la central con todo un sistema enlazado que controle la nueva y moderna red semafórica que Cúcuta tanto necesita, definir las obras civiles requeridas, el sistema de comunicaciones para enviar y recibir información entre la central y los controladores de tránsito y presentar un estudio de costos.

La sorpresa estuvo en que para desarrollar ese complejo documento el contratista contó solo con 10 días. El ganador del contrato, fue, a su vez, el único aspirante, pues la convocatoria realizada a través de la página de contratación del Estado solo duró abierta un día.

La Procuraduría y la Contraloría han cuestionado el sustento técnico del estudio, pues este ni siquiera abarca toda la red semafórica de la ciudad, ni mucho menos plantea una ampliación como lo propuso en su momento el alcalde. Lo que presentó, según la Contraloría, fue un inventario de obras civiles sustentado, en algunos casos, con fotografías tomadas de Google, que datan del año 2013. Una vergüenza.

Tampoco se hicieron cotizaciones con empresas expertas en el tema de semáforos que adelantan obras de modernización en otras ciudades de Colombia, para presentar un estudio de costos.

En conclusión, con lo que hoy cuenta la administración como base para tratar de erradicar uno de los problemas que más dolores de cabeza le generan a los cucuteños es un estudio pobre, que de poco o nada servirá para entregarle a la ciudad una solución digna.

Como bien dice el dicho, lo que mal comienza mal acaba. En este caso particular, el inicio de un proceso complejo y clave para una ciudad capital de cerca de un millón de habitantes se ve empañado por la falta de rigor y de compromiso.

¿Merecen esto los cucuteños? La respuesta es no. Por eso la alcaldía está en mora de dar las respectivas explicaciones y de buscar la manera de repetir el estudio y contratar, esta vez a expertos en el tema, que sean capaces de presentar un estudio con todas las de la ley, que entregue los datos y las herramientas para transformar verdaderamente el sistema obsoleto, primitivo e inoperante que existe hoy, por una moderna red tecnológica que se constituya como una solución a la situación de movilidad de la ciudad que cada día se torna más y más compleja.

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