Cuando en un lugar la mayoría de sus habitantes se manifiestan preocupados en torno a un mismo tema, que se repite una y otra vez en las conversaciones en distintos escenarios, algo, a lo que debe prestarse toda la atención, está sucediendo.
Eso está pasando en Cúcuta con el tema de la seguridad ciudadana, o más bien, de la inseguridad.
La cantidad de robos que se están presentando y de crímenes que, al parecer, son motivados por este mismo delito, tiene alarmados a los cucuteños.
A través de las redes sociales se oyen voces de todos los estratos que claman por una solución frente al tema del hampa, que parece andar por la ciudad con total libertad haciendo de las suyas a su antojo.
Los hechos recientes en los que se han presentado asesinatos al parecer por cometer robos, han exacerbado aún más la sensación de que en Cúcuta la vida no vale nada. Y no es para menos.
Esta semana la ciudad entera se conmovió con el crimen de una maestra de 34 años, Sandra Yesmín García, a la que acribillaron por robarle su moto. Dejó dos hijas, una de ellas de apenas 6 meses de nacida.
El terrible hecho llevó a amigos, familiares y solidarios a salir a las calles a protestar y a exigir el respeto por la vida.
Pero a su vez a exigir a las autoridades que actúen.
Hace menos de un mes, otro crimen alertó a los cucuteños. Un reconocido profesor, Pedro Cuadro, escritor y persona destacada en el ámbito de la cultura, fue asesinado mientras tomaba un café en uno de los recesos de sus clases.
La hipótesis más clara apunta también a un robo. A esto se han sumado los casos de intento de secuestro en la ciudad y a plena luz del día, algo que no se había visto nunca en esta zona fronteriza.
Nadie pretende que los hurtos y atracos se acaben de la noche a la mañana, pero sí es necesario determinar un plan de choque, un plan de acción en materia de seguridad que permita contrarrestar a las bandas que hacen presencia en la ciudad.
Y si miramos estadísticas, el volumen de crímenes ha venido disminuyendo en los últimos años, lo cual es satisfactorio, más no es suficiente.
El ministro del interior Juan Fernando Cristo y el comandante de la Policía Nacional, el general Rodolfo Palomino, se comprometieron a evaluar la información recibida en su última visita a la ciudad de parte de empresarios y comerciantes.
Se hará seguimiento cada dos meses, anunciaron, pero hasta el momento no se sabe cuáles son las medidas que se tomarán para evitar que la delincuencia siga cobrando vidas.
El hecho de que el incremento de la delincuencia, al menos en percepción de la gente, coincida con la supuesta llegada de venezolanos, podría indicar que es tiempo de extremar los controles fronterizos y de empezar a desarrollar un plan conjunto entre el gobierno nacional, departamental y local, para determinar cuál es la realidad que afronta la ciudad en esta materia, y a lo que podría enfrentarse en un futuro cercano.
Hoy muchos se preguntan qué están haciendo las autoridades para controlar la situación que enfrenta Cúcuta.
Seguramente al interior de las instituciones encargadas de la seguridad ciudadana hay planes concretos, pero vale la pena que estos los conozca la gente y, especialmente, que los resultados empiecen a verse.
Los cucuteños no pueden seguir viviendo con miedo, y los ladrones, no pueden seguir sintiendo que Cúcuta es una ciudad sin Dios ni ley a la que pueden llegar a cometer delitos a su antojo.
