Dos cosas quedaron claras luego de la reunión de presidentes del continente que se realizó en Panamá este fin de semana: que el viraje en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba va en serio, marcando un punto de inflexión para la región, y que Venezuela ocupa hoy el centro de atención por la crisis que afronta en distintas materias, pero especialmente por la falta de garantías democráticas.
La Cumbre de las Américas sorprendió al mundo, que fue testigo de un encuentro en que muchos creían imposible.
Después de más de medio siglo de hostilidades, los presidentes de Estados Unidos y de Cuba, no solo estrecharon manos, sino que conversaron cara a cara y de manera cordial. Pero eso no fue todo. También hubo elogios de parte y parte en los discursos pronunciados por Barack Obama y Raúl Castro, quien por primera vez en casi 60 años asiste a esta cumbre de presidentes.
El inédito encuentro cierra el último rezago de la guerra fría en el continente y confirma la intención de ambos mandatarios de impulsar un nuevo tiempo en sus relaciones y de apostarle a un cambio con un diálogo franco y conciliador.
“Me comprometí a construir una nueva era de cooperación con base en intereses de respeto mutuo. He cumplido con ese compromiso; nos reunimos aquí en un momento histórico”, dijo Barack Obama en su discurso, al tiempo que Raúl Castro, se disculpó con él. “La pasión me sale por los poros cuando de la revolución se trata. Pero le pido disculpas al presidente Obama, porque él no tiene nada que ver con todo esto. Diez presidentes (de EE. UU.) tienen deudas con nosotros, pero no el presidente Obama (...) Él es un hombre honesto y lo admiro”, dijo Castro.
A pesar de que Castro en su discurso defendió con pasión su causa y modelo socialista, reconoció que Obama es un hombre honesto al cual se debe apoyar en su causa de poner fin al bloqueo; Obama, por su parte reconoció que no están atrapados en la ideología sino en interesados en el progreso, y planteó una agenda organizada de trabajo con Cuba.
Aunque todo esto es sin duda histórico, lo que le espera a estas dos naciones para seguir construyendo un camino de entendimiento es largo, pues tantos años de distanciamiento y de diferencias de pensamiento que aún existen no permite vislumbrar un escenario en el que los acuerdos se alcancen fácilmente.
Sin embargo, es claro que Estados Unidos ha salido fortalecido del encuentro, pues nuevamente juega un papel clave dentro de la región, enviando el mensaje de que un nuevo orden latinoamericano es posible.
Su mensaje también estuvo orientado a Colombia, que recibió casi por unanimidad el apoyo al proceso de paz que se adelanta con las Farc. Y en cuanto a Venezuela, podría decirse que Maduro fue, quizás, el mayor perdedor de la cumbre, pues no logró ningún cambio ante el decreto firmado por Obama con sanciones a varios funcionarios del Gobierno bolivariano, y por el contrario sí recibió numerosas críticas, tanto de 25 ex presidentes de América Latina y España quienes le solicitaron en una carta la liberación de los opositores políticos, y de la comunidad venezolana residente en Panamá que lo recibió con un enorme cacerolazo.
La cumbre fue histórica y planteó escenarios que de darse, serán de mucho beneficio para la región.
