Las sospechas son cada vez mayores. Las huellas que han dejado los negocios ilícitos que al parecer ha liderado, son seguidas de cerca por Estados Unidos, país que no solo lo investiga sino que se ha atrevido a señalarlo públicamente.
Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y segundo al mando del Chavismo en ese país, ha enfrentado en los últimos meses varios escándalos mediáticos que dan cuenta de las sospechas que recaen sobre su cabeza, en el sentido de haber convertido su país en un centro global de tráfico de cocaína y lavado de dinero.
La investigación la adelanta una división élite de la Administración para el Control de Drogas (DEA) en Washington y fiscales federales en Nueva York y Miami, que se han basado en testimonios y pruebas aportadas por extraficantes de cocaína, informantes cercanos a altos funcionarios venezolanos y desertores de las fuerzas armadas venezolanas para construir el expediente contra Cabello.
Una de las fichas claves en todo el proceso ha sido el capitán de la armada Leamsy Salazar, quien formó parte del equipo de seguridad de Cabello y ha asegurado ante a las autoridades estadounidenses haber sido testigo de envíos de droga que realizó y supervisó el mismo Cabello desde la península de Paraguaná, en Venezuela.
Las pistas que han seguido las autoridades los ha llevado a concluir que Cabello es el jefe del temido ‘Cartel de los soles’ en el vecino país, que no solo controla en envío de buena parte de la droga que se produce en Colombia hacia España a través de embarcaciones que salen desde los puertos de Puerto Cabello y Maracaibo, sino también el millonario contrabando de gasolina que ingresa a Colombia.
Contrario a lo que asegura el gobierno de Venezuela, que califica las acusaciones como un complot de la derecha para desestabilizar el país, las investigaciones son bastante serias, producto del crecimiento explosivo del narcotráfico en Venezuela, convertida en una especie de centro de operaciones de organizaciones narcotraficantes que, tras la lucha y persecución emprendida contra los grandes capos de carteles y mafias en Colombia, trasladaron a territorio venezolano sus actividades ilícitas.
Según las cifras de Estados Unidos, se estima que unas 131 toneladas de cocaína, cerca de la mitad de la producida en Colombia, pasaron por Venezuela en 2013, el último año del cual se tienen cifras.
Que diarios tan serios como el Wall Street Journal o el ABC de España se hayan atrevido a publicar estos informes contra uno de los hombres más poderosos de Venezuela indica que la cosa va en serio y que el cerco contra él y varios funcionarios acusados de corrupción y blanqueo de dinero, entre otros delitos, empieza a cerrarse.
Aunque allí muchos se sientan intocables, las amplias facultades de los fiscales federales podrían concluir con la presentación de cargos formales en contra de varios dirigentes venezolanos, lo que llevaría a agravar aún más las situación de Venezuela.
Estos procesos, sumados a la crisis económica y social que se vive en el país bolivariano y a la censura de la prensa, otra víctima del gobierno, podrían generar en cualquier momento un estallido social que propicie, de cualquier modo, un cambio de rumbo de la nación venezolana.
