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Editorial
Washington-Bogotá
El hecho de que Cuba sea el escenario de los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las Farc facilitó un acercamiento de Washington a La Habana a través de Santos.
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Jueves, 9 de Abril de 2015

Poco a poco, la enorme importancia que tuvo la cancillería brasileña ante los demás gobiernos del continente comenzó a disminuir, y el eje Washington-Brasilia, a desplazarse. Ahora, Bogotá parece ser el lugar hacia el que se dirigen las miradas de la diplomacia cuando se trata de suavizar tensiones y de recomponer relaciones.

Cuando nadie lo esperaba, el presidente Juan Manuel Santos confirmó que sí, que ciertamente él fue clave en el histórico acercamiento en busca de acuerdos entre Estados Unidos y Cuba, proceso que tendrá entre hoy y mañana episodios de verdad históricos: los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en el mismo sitio en Panamá

El hecho de que Cuba sea el escenario de los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las Farc facilitó un acercamiento de Washington a La Habana a través de Santos.

La intermediación colombiana fue tan efectiva, es decir, todos los propósitos del gobierno estadounidense se materializaron tanto como se pretendían, que cuando los dos gobiernos anunciaron al mundo su propósito de acercarse para normalizar sus relaciones rotas desde 1960, el primer mandatario en saberlo fue Santos.

De Washington lo llamaron por teléfono para decirle que Obama consideraba justo que Colombia se enterara, antes que los demás gobiernos, de lo que estaban a punto de anunciar de manera simultánea los hasta entonces estados visceralmente enemigos.

Mantenerse a la misma distancia tanto de Washington como de La Habana y ser igualmente amigo de todos los gobiernos del Hemisferio le ha valido a Santos, y por supuesto a Colombia, el reconocimiento diplomático que se acaba de confirmar, cuya importancia podría llevar a que se modifiquen favorablemente otras relaciones.

Si para una enemistad de 55 años entre dos países, que en verdad constituía un obstáculo para la armonía del continente, Obama confió en Santos, ¿por qué no podría hacer lo mismo en relación con Nicolás Maduro, por ejemplo?

A Estados Unidos no le conviene amistarse con un país que poco le ofrece, para pelearse con otro con el que mantiene negocios multimillonarios y que, como sea, ha neutralizado sanciones consideradas drásticas. De la manera como se ve el futuro mediato, es muy probable que las sanciones contra el gobierno revolucionario de Caracas queden sin efecto.

Santos dijo estar dispuesto a servir de intermediario entre Estados Unidos, un país “amigo, muy amigo” y Venezuela. No solo está dispuesto, sino listo a ayudar, según el presidente colombiano, que a su vez depende de La Habana y de Caracas para lograr su objetivo de que las Farc acuerden y firmen el fin de la guerra.

Los episodios internacionales de estas semanas no significan que por Bogotá pase el meridiano de la diplomacia de esta parte del mundo, pero sí que la decisión de mantener una postura realista ante todas las tendencias políticas del área le ha valido a Colombia, por fin, la consideración de seriedad que hoy le reconocen.

De las agresiones a los vecinos en procura de extender hasta ellos la búsqueda de líderes guerrilleros, y de los discursos incendiarios en respuesta a otros similares, se pasó en los últimos años a una etapa de respeto y de recomposición de relaciones de amistad, que siempre son mucho más favorables y productivas que las de simple vecindad. Suena a Perogrullo, pero siempre es mucho más conveniente que además de ser vecinos, dos países sean también amigos, en especial cuando hay tanto que los acerca y tan poco que los aleja.

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