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Editorial
¿Y cuando se acabe?
Lo que de verdad importa es saber que al terminar 2014 nos quedaban reservas para 6,4 años. En 2022 habrá que importar petróleo.
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Lunes, 22 de Junio de 2015

Que Colombia sea el segundo país suramericano en el que más cayeron el año pasado las reservas petrolíferas, como lo informó un estudio de British Petroleum (BP) es un hecho de segundo grado.

Y que fue un fenómeno que afecto globalmente a Suramérica no es más que un dato estadístico que tiene significado en las oficinas de los poderosos del petróleo, pero que en nada cambia nuestra realidad de economía frágil.

Lo que de verdad importa es saber que al terminar 2014 nos quedaban reservas para 6,4 años (hoy tiene que ser menos), y la autosuficiencia con la que hemos hecho fiestas quedaba cuestionada. En 2022 habrá que importar petróleo, al precio que sea.

Al bajar 5,6 por ciento, Colombia tiene hoy solo 2.308 millones de barriles, una bicoca, comparada con los 300 mil millones de barriles de Venezuela, que tiene crudo para más de cien años, según el mismo estudio. La suya es la más grande reserva del mundo, hasta ahora, según todos los estudios.

Si algo no hay, se importa. Ese es principio práctico del comercio internacional. Y, sin duda, eso se hará cuando llegue el momento de 2022. Pero, mientras, ¿cuáles pasos estamos dando para superar el problema? Todo parece indicar que muy pocos, o ninguno, y hay que hacer algo.

El petróleo es un recurso natural no renovable; cuando se agotan los pozos, no se pueden llenar de nuevo. En ese caso, dentro de 6 años habrá que importar petróleo, a menos que nuevos campos sean descubiertos y explotados, lo cual es muy incierto. Igual sucede con el gas, del que las reservas garantizan autoabastecimiento por 10 años y medio más: hay comprobados 4.758 gigapiés cúbicos.

Y ¿qué haremos cuando ya todos nuestros pozos queden secos y tengamos que importar hasta la última gota de combustible? Es de suponer que desde hace rato las agencias del Estado encargadas de mirar hacia adelante estén trabajando en el diseño de planes de verdad efectivos.

El hecho de que en estos momentos Colombia esté frente a una situación que no deja de ser preocupante pero no significa que no haya más petróleo en el subsuelo, solo que, de haberlo, hasta ahora no ha sido descubierto, y por lo mismo no es posible añadirlo a la cifra de las reservas.

Hay necesidad de incrementar la exploración en todo el territorio, en especial en el mar Caribe, donde tres compañías comenzarán dentro de poco a buscar, pero todo es un albur, como lo ha sido casi siempre cuando de buscar petróleo se trata.

El petróleo ha sido la causa del desplome de varias economías, la de Venezuela, una de ellas, por razón de la drástica caída de los precios en un lapso muy corto —un año, más o menos—, pues todos sus presupuestos estaban calculados con precios que en algunos casos parecen irrepetibles.

Mientras el mundo cuida con esmero cada gota de hidrocarburos que tiene o que compra, en el caso de Colombia, la situación es, incluso, paradójica: las reservas disminuyen, mientras reiterados atentados dinamiteros hacen que el petróleo crudo de exportación se riegue por ríos, praderas y cañadas, causando pérdidas económicas multimillonarias y destrucción irreversible de recursos naturales.

En esta orgía violenta, quizás no ocurra; pero, dentro de poco, cuando falte, el país llorará por tanto petróleo perdido. Por ahora, parece que hay que inquietarse, pues seis años no es mucho tiempo para ajustar las cargas, a fin de que no caigan.

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