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¿Quién está detrás de Aurelio Cheveroni? Los hombres que le dan vida al lobo más famoso de Colombia
Fernando Rojas y Lito Cárdenas revelan los secretos detrás del lobo más querido de Colombia y su regreso a 'Yo me llamo'.
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Ruby Escamilla
Ruby Escamilla
Domingo, 9 de Agosto de 2026

Durante más de 25 años, Aurelio Cheveroni ha hecho reír a millones de colombianos. Con su humor irreverente, su personalidad egocéntrica y sus ocurrencias, el icónico lobo rojo pasó de conquistar a los niños en Club 10 a convertirse en uno de los personajes más queridos de Yo me llamo, donde hoy equilibra la seriedad del jurado con sus bromas y ocurrencias.

Pero detrás de ese personaje hay mucho más que un títere. Hay dos artistas que trabajan sincronizados para que Aurelio cobre vida frente a las cámaras: Fernando Rojas, quien le presta la voz y manipula el cuerpo del personaje, y Lito Eduardo León Cárdenas, encargado de asistir cada uno de sus movimientos y de mantener viva la magia del lobo durante las grabaciones.

La Opinión conversó con ambos artistas sobre el nacimiento del personaje, el complejo trabajo que existe detrás de cámaras y el regreso de Aurelio a Yo me llamo.


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¿Cómo nació Aurelio Cheveroni y cómo llegó usted a convertirse en el alma del personaje?

Fernando Rojas: Todo empezó en 1999. Yo acababa de salir de una escuela de arte dramático y ya había participado en un programa infantil llamado Brújula Mágica. En ese momento Caracol estaba comenzando como canal privado y preparaba un proyecto para su franja infantil: Club 10.

Me llamaron porque necesitaban actores que supieran manejar títeres y, casualmente, yo acababa de hacer un curso con La Libélula Dorada. Me entregaron el personaje, me dijeron cómo debía ser y simplemente me puse a construirlo. Así nació Aurelio.

¿Imaginó que ese personaje terminaría marcando su carrera durante más de dos décadas?

Fernando: Jamás. Como actor uno interpreta muchos personajes y algunos permanecen un tiempo en la memoria del público. Pero Aurelio fue distinto. Es el personaje que más ha permanecido en el corazón de la gente y terminó marcando mi vida profesional.

Obviamente uno le pone todo el talento y la energía, pero también hubo una apuesta muy importante del canal. Ellos confiaron en mí y el personaje conectó con varias generaciones.


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Antes de darle vida al lobo, usted incluso estudió el comportamiento de estos animales. ¿Cómo fue ese proceso?

Fernando: Sí. Durante meses observé los movimientos, los hábitos y la forma de comportarse de los lobos. Quería que, aunque fuera un personaje caricaturesco, tuviera algo de animal real. Con el tiempo entendí que Aurelio era una mezcla muy curiosa entre un niño, un adulto y un animal. Hoy lo veo como una máscara que me pongo para decir cosas que quizá Fernando nunca diría.

En Yo me llamo Aurelio se convirtió en uno de los personajes favoritos del público. ¿Qué cree que aporta a un programa donde predominan la exigencia y la seriedad?

Fernando: Él cumple el papel del bufón. En la historia del teatro, el bufón existe para romper la solemnidad. Amparo, César, Elder y los demás tienen una responsabilidad muy seria porque están calificando talento. Aurelio baja un poco esa tensión, hace reír y vuelve más cercano el programa.

Pero además tiene un lado muy tierno que conecta con los niños. Esa combinación es la que hace que funcione tan bien.

¿Y cómo ha sido bromear con figuras como Amparo Grisales o César Escola?


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Fernando: Ese ha sido uno de los retos más grandes. Ellos no están interpretando personajes; son ellos mismos. Entonces muchas veces los chistes tienen que ver con su historia, con lo que la gente conoce de ellos: sus parejas, sus verdades, su historia…

Hay una línea muy delgada entre hacer humor y tocar algo que pueda incomodar. Algunas veces hemos cruzado esa línea y ellos mismos nos dicen: “Ese chiste ya no”. Es completamente normal. Lo bonito es que después entendieron que hace parte del juego del programa y que al público también le gusta verlos reaccionar.

Este año regresó Yo me llamo Mini. ¿Qué cree que enseñan los niños a los adultos?

Fernando: Que el talento necesita oportunidades, pero también que hay que aprender a perder. A veces los papás les crean expectativas enormes y cuando reciben un “No te llamas”, el golpe es muy duro.

El programa también les enseña eso: que ganar y perder hace parte de la vida y que el talento se construye con disciplina.


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¿Cómo se mueve realmente Aurelio? Mucha gente cree que solo hay una persona detrás del personaje.

Fernando: (Risas). No. Aquí quiero presentarles a Lito, porque sin él Aurelio no existiría.

Lito Cárdenas: Yo soy actor, maestro en artes escénicas y titiritero. Trabajo con Fernando desde Club 10. Empecé siendo asistente de Dinodoro y ahora soy, literalmente, la cola del lobo.

Todo es un trabajo en equipo. Mientras Fernando hace la voz y mueve el personaje, yo estoy pendiente del monitor, de los ojos, de la cola, de los accesorios y de todo lo que pueda necesitar durante la grabación.

¿Qué ocurre detrás de cámaras mientras Aurelio está al aire?

Lito: Tenemos un pequeño arsenal de objetos. Está la paleta de ron con pasas, los pañuelos, la jeringa con lágrimas, accesorios para los chistes… Todo debe estar listo porque muchas veces Fernando improvisa y necesita un elemento en cuestión de segundos.

Fernando: Incluso pasa algo muy curioso. Hay momentos en que no se me ocurre nada y Lito simplemente me muestra un objeto. Yo lo tomo y de ahí nace el chiste. Otras veces la directora me da ideas por el apuntador, o me inspiran comentarios de Amparo, Escola o Elder.

Aurelio es como una antena. Se alimenta de todo lo que sucede alrededor.


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¿Qué pasa cuando termina una grabación?

Fernando: El títere termina completamente empapado por el esfuerzo físico.

Lito: Ahí entro yo. Lo abro, lo seco, lo aireo, lo limpio, reviso cada detalle y lo guardo para la siguiente jornada. También soy el encargado de consentir al lobo (risas).

Fernando, ¿hay un antes y un después en su carrera gracias a Aurelio Cheveroni?

Fernando: Sin duda. En términos de prestigio profesional, Aurelio cambió mi vida. Gracias a este personaje llegaron nuevos proyectos, participé en un programa de títeres en México después de ganar un casting y también trabajé con RTVC.

Además, me permitió demostrar que el trabajo con títeres exige la misma preparación que cualquier otra actuación.


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Lejos de las cámaras, Fernando también ha desarrollado una carrera como escritor, locutor y músico. Fundó una productora dedicada a contenidos infantiles, creó una escuela de clown para formar nuevos artistas y publicó Los hijos de Belcebú, una novela ambientada en su natal Caquetá.

Lito, por su parte, continúa dedicado al teatro y al universo de los títeres, disciplina en la que ha construido una trayectoria de más de dos décadas.

Juntos conforman un equipo casi invisible para el público, pero indispensable para que Aurelio Cheveroni siga robándose las sonrisas de niños y adultos.

Mientras el lobo continúa haciendo bromas en la mesa de Yo me llamo, detrás de cada mirada, cada movimiento de cola y cada ocurrencia hay dos artistas que, desde hace 26 años, mantienen viva la magia de uno de los personajes más entrañables de la televisión colombiana.


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