Cuando ya había vivido 67 años, buena parte de ellos trabajando para una empresa de transportes de la que se pensionó, la muerte alcanzó a Jorge Ernesto Lobo Rangel, luego de seguirlo, literalmente.
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En sus últimos minutos de vida fue perseguido por dos hombres que se movilizaban en una motocicleta y que lo tenían plenamente identificado mientras conducía su vehículo verde, de placas JIB-394. El deseo de comprar pan terminó convirtiéndose en la oportunidad perfecta para que los sicarios acabaran con su vida.
Hasta el momento no existe una hipótesis clara sobre qué pudo haber desencadenado el violento ataque. Lo que sí se sabe es que fue un crimen letal, certero y, al parecer, cuidadosamente planificado.
Pasadas las 8:00 de la noche del jueves, 23 de julio, Lobo llegó en su vehículo, acompañado por quien sería su pareja sentimental, a una panadería ubicada en la avenida 20, entre calles 16 y 17, del barrio San José.
No transcurrieron más de 30 segundos entre el momento en que estacionó el carro y el ataque. El hombre descendió del vehículo para dirigirse hacia la panadería, dándole la espalda a la calle. En ese instante apareció la muerte, representada por dos hombres que se movilizaban en una motocicleta Suzuki GN.
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Uno de los sicarios descendió de la moto, caminó unos pasos hasta quedar cerca de la víctima y le disparó por la espalda. Lobo cayó de inmediato al piso de la panadería con impactos de bala en la cabeza. Mientras su sangre comenzaba a extenderse, el pánico se apoderó de quienes estaban en el lugar. El asesino regresó a la moto y huyó junto con su cómplice.
Su acompañante verificó su estado y notó que, aunque muy débiles, aún presentaba signos vitales. Minutos después llegó una patrulla de la Policía, cuyos uniformados auxiliaron a la víctima y la trasladaron a la Unidad Básica de Loma de Bolívar. Sin embargo, menos de cinco minutos después, el personal médico confirmó su fallecimiento.
La Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) hizo presencia en el lugar del ataque para recopilar elementos materiales probatorios y revisar las cámaras de seguridad que pudieran haber registrado a los agresores.
Por ahora, el móvil del crimen sigue siendo un completo misterio y las autoridades no manejan una hipótesis concreta. De la víctima se conoció que, tras jubilarse, continuó dedicado al transporte público y que no tenía amenazas ni problemas conocidos. Quienes lo conocían lo describieron como un hombre amable, respetuoso y trabajador.
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