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Ocaña
660 pesebres y 660 historias de una familia en Ocaña
Al abri las puertas del hogar se descubre un mundo mágico.
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Miércoles, 23 de Diciembre de 2015

La alegría de la Navidad, desde hace dos décadas, se apoderó de la familia Ramírez Pallares en Ocaña. Al abrirse las puertas de su hogar se descubre un mundo mágico, donde se aprecian pesebres de todos los colores, texturas y tamaños.

Cual si fuera un museo, el edificio Torre del Conquistador, donde habitan, es uno de los sitios más visitados en Ocaña por esta época. En el hogar hay 660 pesebres, cada uno con una historia y recuerdos que permanecen tatuados en la memoria de los esposos José Ignacio Ramírez Yáñez y Francisca Helena Pallares Angarita.

Ella, juez civil de Ocaña ,y él, médico siquiatra, desde hace 20 años coleccionan pesebres, traídos de diferentes culturas.

La idea surgió cuando un médico visitador le regaló a José Ignacio un diminuto pesebre, y gustó tanto en la pareja, que desde entonces se despertó en ellos el espíritu de la Navidad.

Cuando salen de viaje o van de compras, es casi un ritual traer un nuevo pesebre a la colección. Para Francisca Helena los más curiosos son los artesanales, que han comprado en ferias.

“Nos han regalado pesebres hechos en uchuvas, en semillas y hasta en cáscaras de huevos de codornices. Los de las botellas guardan el encanto de permanecer intactos y son sinónimo de esperanza, de sueños por cumplir y de buenas energías”.

Para todos los gustos

En mesas, vitrinas, cuadros y en cada rincón del hogar de la familia Ramírez Pallares, hay imágenes de la Virgen María, de San José y del Niño Jesús. Los hay en materiales como vidrio, con luces, en palillos, arcilla, piedra, madera y parafina.

La pregunta que siempre les hacen los visitantes es cómo hacen para elaborar pesebres al interior de diminutas botellas, la respuesta es que los adquirieron en el mercado de las pulgas que hay en Bogotá (Usaquén).

“Allá uno ve curiosidades, los hay en tagua, hojas de plátano, en corteza de maíz. Los artesanos dedican horas de trabajo y la elaboración es dispendiosa, pero ese esfuerzo satisface el gusto de coleccionistas como nosotros”, dijo Francisca.

Los pesebres son procedentes de los cinco continentes, parientes y amigos se los han regalado. Uno de ellos fue heredado por el sobrino Jorge Andrés Angarita, fraile dominico -es un pesebre debajo de la torre Eiffel-.

“Simbolizan la unión familiar, la protección del hogar. Para nosotros la Navidad es la época más bonita del año, donde padres e hijos se reencuentran y todos los seres queridos se reúnen a compartir y a fortalecer la familia como principal núcleo de la sociedad”, acotó Francisca.

Apreciar la colección permite recordar las épocas en que los pesebres se hacían en el lugar más visible de la casa. “Recuerdo que teníamos uno de plástico y hace un par de años lo cambiamos por uno artesanal. Durante el año permanecen guardados cuidadosamente en cajas y cuando fenece noviembre y despunta diciembre, salen todos a escena y el montaje demora una semana, pues todos los años la ubicación es diferente.

Como Católicos creemos que Dios derrama bendiciones sobre aquellas personas que se ubican alrededor del pesebre. “Me siento bendecida con mi familia y desde niña mi madre me inculcó que era más importante el pesebre que el árbol”.

*La Opinión

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