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Ocaña
A Carlos Julio el buen humor lo llevó a cumplir 105 años
El pasado 24 de diciembre celebró un año más de vida en Ocaña.
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Domingo, 3 de Enero de 2016

El pincel del tiempo de manera silenciosa fue dibujando canas en la cabeza de un veterano de mil batallas. 

Los abuelos decían que la risa era remedio infalible y entre canciones, bromas y piropos Carlos Julio Rincón Garzón, el protagonista de esta historia, confirma ese adagio popular.

Nació el 24 de diciembre de 1910 en una humilde familia campesina del municipio de Convención y a lo largo de su existencia cultivó el buen sentido del humor.

En medio de carcajadas, entona canciones inventadas con doble sentido que agrada a las jovencitas universitarias del barrio de la Piñuela. Con maraca en mano o a veces rasgando las cuerdas de un vetusto tiple que conserva arranca improvisados versos que se convierten en interminables terapias para sus familiares y amigos.

“Mi mamita me pegó y aquí traigo los morados… porque me encontró chupando unos pechitos parados…”

“Mi mamita me pegó por una sola simpleza, me encontró en la cama boca abajo con mi novia haciendo mucha fuerza”, y suelta la risa brillante que connota la verdadera felicidad.

“Soy el hombre más feliz del mundo, duermo y como bien, nunca he peleado con nadie, no he pisado una cárcel, jamás vivo amargado, sólo canto a la vida, hago bromas sanas y entono melodías que llegan al alma”, agrega este hombre lleno de vitalidad.

El pasado 24 de diciembre celebró los 105 años al lado de sus 9 hijos, 39 nietos, 38 biznietos y 4 tataranietos. Repartió regalos, bailó, tomó whisky, lanzó bromas, cantó rancheras y fue el último en irse a la cama.

“Es una bendición de Dios, regalarnos un papá tan hermoso, come de todo y no le duele una muela. Es una lucha para que vaya a control donde el médico”, dice su hija.

Una sonrisa a flor de labios

Carlos Julio Rincón pocas veces está de mal genio.

Se confiesa como un ferviente católico, apostólico y romano, rezó la novena de aguinaldo donde le pidió a niño Dios que no le llegara la vejez. “¿Qué se sentirá llegar a viejo? porque yo me siento mejor que un joven de 15 años”, exclama este veterano que no se cansa de pasar calendarios.

Su hija Miriam está pendiente de la alimentación y a que no haga travesuras como un niño. “Cuando tocan a la puerta dice: Digan que no estoy y cuando le preguntan  por qué se quiere negar, exclama, puede ser la traicionera muerte y no me quiero ir todavía. Nadie ha escapado vivo de este mundo, pero yo estoy muy amañado y no quiero partir”, agrega.

Hace pocos días jugó una broma que nunca olvidarán. “Se hizo el muerto para observar cuál era la reacción de nosotros. Era un domingo donde estábamos todos. Se tiró en la silla, blanqueó los ojos, todos empezamos a gritar y a llorar para trasladarlo al hospital, soltó una  carcajada y no podía calmar nuestros nervios. Entonces exclamó me provoca pegarles con la correa para que no armen escándalos, qué dirán los vecinos”, narra su hija.

Un hombre incansable

Como hasta los 80 años lidió ganado y una finca arrocera en Aguas Blancas, entre San Martín y San Alberto, sur del departamento del Cesar. Luego los hijos le montaron un negocio en la plaza de mercado donde ofrecía productos agrícolas. Allí trabajó hasta los 93 años. “Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada y a las cinco ya estábamos en la caseta. Cuando Santander mi hermano vendió el negocio, casi se muere porque no tenía nada qué hacer”, indica Mirian Rincón Lozano.

“No se puede quedar quieto se va para el solar a deshierbar, toma la escoba y barre toda la casa. Hace como cuatro años lo sorprendí montado en una escalera, intentando amarrar un racimo de una mata de plátano. Agarra el machete y como si tuviera 20 años, corta las ramas y mantiene impecable el solar”, agrega.

Campesino de pura cepa, oriundo de la vereda Romeritos, comprensión rural del municipio de Convención y residente en el barrio La Piñuela, se constituye en un ejemplo de perseverancia para las futuras generaciones.

Huérfano desde muy niño, quedó bajo la tutela de la tía Simeona Rincón y con mucho esfuerzo, dedicación y sacrificio logró conformar un hogar lleno de valores éticos y morales. 

Hay que aguantarlo para que no se exponga al peligro. “Tenía como 90 años y se ha montado al techo a tapar unas goteras. Mi mamá casi se muere al verlo y lo único que hizo fue soltar una carcajada”, agrega su hija quien se queda admirada por la salud de su padre.

Recuerda que hace como cinco años estaba en el solar y se metió un ladrón. “Lo tomó del cuello, le pegó un puñetazo y lo noqueó. Lo tiró al piso y no le quedaron ganas de volver. Mi papá, todavía tiene mucha fuerza”, anota su hija.

Aventurero de pura cepa

Nació un 24 de diciembre,  día de la Natividad, factor que ha incidido en su espontánea alegría. Se encuentra orgulloso de sus hijos a quien inculcó muchos valores para que triunfen en la vida. “Todos los años celebramos en casa y es muy hermoso estar rodeados de los seres queridos”, recalca.

Ha utilizado diversos medios de transporte. Viajar a lomo de mula, es quizá una de las experiencias más recordada para este simpático veterano. En su lenguaje coloquial narra el instante cuando un avión pasó por primera vez por los cielos de esta región del país. “Las hermanas Balmaceda nunca habían visto ese aparato y se arrodillaban, lloraban, rezaban, pues pensaban que era el fin del mundo. Imagínese usted una cruz en el cielo haciendo un ruido infernal”. En dos ocasiones abordó un avión y da gracias a Dios por esas oportunidades a pesar de ser un humilde campesino.

A raíz de ese espíritu aventurero que hierve en su corazón logró subir a un barco e incluso en el ferrocarril.

*Javier Sarabia Ascanio | Corresponsal en Ocaña

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