La situación ocurre en el barrio Torcoroma de Ocaña, donde cinco familias son las más afectadas por la situación.
En el más reciente deslizamiento se salvó de morir aplastado el pequeño comerciante Manuel Bacca Álvarez. Un alud de tierra cayó sobre los techos de su vivienda.
Ahora, el hombre reclama la ayuda de la administración municipal para reparar los daños y pagar arriendo, porque quedó sin un sitio donde vivir. “Como el comercio está flojo, estaba laborando en albañilería, pero por el invierno las obras se suspendieron y me quedé sin empleo”.
Bacca Álvarez confesó que se siente como en el juicio final, porque con cada aguacero las familias no pueden dormir y los niños se atemorizan por el estridente ruido de los techos y el movimiento de las paredes agrietadas.
Las familias que viven en la parte baja de la montaña se sienten desprotegidas por el gobierno local y saben que en cualquier momento las casas que están en el borde de la montaña se pueden desplomar.
Entretanto, los que habitan en la parte alta, manifiestan que en reiteradas oportunidades han hecho solicitudes al municipio para que les den soluciones inmediatas por la gravedad del caso, pero aun así no les han dado respuesta.
“No reclamamos que nos levanten un edificio, pero sí que nos alivien la situación para reponernos de los estragos del agua. Estamos sin plata, otros se trasladaron hacia donde unos familiares, pero no todos tienen las mismas facilidades”, argumentó Bacca Álvarez.
Los aguaceros que han caído en las últimas semanas han acelerado el proceso de destrucción. Diariamente se desploman bloques, ladrillos, piedras, lodo y hasta parte de los techos.
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