Un fenómeno que persiste
El caso de Sanín Antonio Mena se suma a una larga lista de secuestros registrados en la provincia de Ocaña y el sur del Cesar durante las últimas cuatro décadas.
Familiares de víctimas y líderes comunitarios advierten que la práctica continúa afectando especialmente a adultos mayores, muchos de ellos con problemas de salud, cuya retención genera una presión adicional sobre sus allegados.
Según denuncian, estructuras delincuenciales recopilan información sobre posibles víctimas, realizan seguimientos y posteriormente las entregan a grupos armados ilegales que exigen elevadas sumas de dinero para su liberación.
“Persiguen a personas mayores porque saben que la angustia de las familias acelera las negociaciones”, sostienen allegados de algunos de los afectados.
Entre los casos que aún permanecen en la memoria de la región figura el del comerciante Diofante Omeara, secuestrado en la década de los años 80 y posteriormente asesinado por sus captores.
En los años 90, los hermanos Pedro, Ramón y Federico Cabrales fueron retenidos y nunca regresaron a sus hogares, pese a que sus familias pagaron las sumas exigidas para su liberación.
La misma suerte corrió el comerciante Isidro Arias Garzón, secuestrado hace dos décadas.
Otro hecho que generó conmoción ocurrió el 19 de marzo de 2020, cuando hombres armados sacaron por la fuerza de su parcela, ubicada en el corregimiento de Venadillo, al avicultor Evangelista Bohórquez Contreras, de 76 años.
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Más recientemente, este año fue secuestrado Jorge Trigos, de 76 años, cuando salía de un centro religioso. Desde entonces sus familiares no han recibido llamadas, mensajes ni pruebas de supervivencia.
A la lista se suman los hermanos Nadín y Jhon Ortiz Soto, retenidos el pasado 22 de abril y cuyo paradero sigue siendo desconocido.