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Ocaña
Vidal Sánchez, 38 años de ‘bracero’
A Vidal Antonio Sánchez Vega desde hace 38 años lo ven cargando bultos en la plaza de mercado de Ocaña.
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Miércoles, 19 de Marzo de 2014

Cumplió 70 años de nacido y afirma que se sometió a esta labor para ocultar el dolor por la muerte de uno de sus hijos en el campo, en la finca Alto del Lucero.

“Era mi hijo mayor y la motivación para seguir adelante. Mi esposa también murió y me quedé con nueve hijos más. Vendí la finca y compré una casa en el cerro de los muertos, hoy barrio 12 de Octubre”, señaló.

En sus inicios apenas recibía 20 centavos por cargar un bulto. “Antes la plaza de mercado era diferente, había mucho más ambiente y familiaridad entre los propietarios de los depósitos”.

Con mirada nostálgica dijo que a punta de sudor se gana el sustento y que con el paso de los días siente que las energías se merman.

Ahora, está siendo desplazado por nuevas generaciones, a los que él ha inculcado todos los secretos para desempeñarse en este oficio.

“Hoy no tengo afán de levantarme temprano. Llego al mercado a las 6 de la mañana y en un día me gano $6.000”, dijo.

Años atrás, cuando veía que llegaba un camión en la madrugada, salía corriendo para ser el que más bultos descargaba.

De su casa salía a las 3 de la madrugada y el regreso era incierto y pasadas las 10 de la noche. Ahora, carga solo un par de bultos, pues sufrió una lesión  cuando le cayó un bulto de 70 kilos.

Con una lesión en un brazo por haberse caído con un bulto de 70 kilos, no puede hacer mucha fuerza, “pero si puedo con un bulto y hasta más pero si me lo ayudan a echar al hombro, explica, mientras sostiene el trapo que los identifica. Es poca la fuerza que puede hacer, nos enseña su brazo y su hombro y dice, “mire fue que me quedó la paleta seca y no me sirve bien”.

Hoy Don Vidal, se conforma con hacer una que otra maraña, como le dice al escaso trabajo que realiza, pero todavía considera que tiene fuerza para seguir prestando un servicio a quienes lo necesiten en el mercado público de Ocaña, donde invirtió lo mejor de su juventud y hoy la vejez lo tiene casi aislado de un trabajo donde lo que se necesita es fuerza y resistencia para poder con la pesada carga que se mueve en el mercado público de Ocaña.

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