Por ejemplo, Ocaña no fue ajena al afán de las administraciones salientes de remodelar uno de los parques de la ciudad, en este caso el San Francisco, contiguo al centenario colegio Caro y al Complejo Histórico, parque representativo de la ciudad porque ahí se exhibe a los visitantes la estatua del poeta José Eusebio Caro. Su remodelación se inició a última hora, cuando la administración agonizaba, y su ejecución avanza a paso testudíneo. Hubo protesta de la ciudadanía porque ante la mirada indiferente o complaciente de las autoridades ambientales se hizo tala de árboles. Un grafiti en la tradicional valla verde del cerramiento así lo confirma: “Menos tala y más educación”.
Como anécdota relato la visita que hice al señor Ramón Sanjuán cuya residencia está ubicada a espaldas de la capilla de Torcoroma. Es un señor octogenario con gran gusto por la conversación erudita, principalmente política y literatura. Lo primero, porque tuvo ascendencia política en la región y fue en 1963 y 1970 diputado a la Asamblea; lo segundo, porque desde su retiro de la política activa se hizo a un negocio de librería donde expone principalmente unidades inconseguibles, como la colección completa de la antigua revista Hacaritama. En su generosidad me obsequia el libro “Antología de textos de literatura medieval”, que distrae mi ocio. No obstante haber tenido influencia política con orgullo dice que hoy está pensionado gracias al doctor Lucio Pabón Núñez. Al salir de la librería llego hasta la calle Real donde, en una vitrina elegante, está en exposición el libro “Ocaña y sus formas de crecimiento urbano. Análisis multiescalar: región-ciudad-arquitectura”. Es una tesis de grado en Maestría, presentada en la Universidad Nacional de Bogotá por el arquitecto abreguense Luis Armando Ortíz Álvarez, con gran acopio de planos, mapas, cuadros, fotografías y fichas. En la solapa se dice que es un estudio regional, urbano y arquitectónico a través del análisis de las formas de crecimiento y las fuerzas sociales que constituyen su motor. Fácilmente se advierte la referencia a consagrados escritores regionales que han estudiado el tema, como Jorge Meléndez Sánchez, Mario Javier Pacheco García y Luis Eduardo Páez Courvel, entre otros. Además, se rinde tributo al aporte de la comunidad siriolibanesa a la cultura y economía de Ocaña, como ya lo había reseñado Zajia Mansur Numa en su libro “Sirios y libaneses en Ocaña”. Aún residen en Ocaña muchos “turcos”, como los llamamos folclóricamente, y su último aporte es la Biblioteca Pública Chaid Neme, que nos recuerda al generoso empresario que se inició en estos lares. Vale la pena volver sobre este libro de Ortíz Álvarez en otra oportunidad porque es una investigación valiosa.
Durante la celebración del sesquicentenario de la Convención de Ocaña, en 1978, con acierto dijo el presidente López Michelsen que “Ocaña es un oasis”. Digamos que las alcaldadas son casos aislados.
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