Carrero explica que parte de esa tarea consiste en conocer los consumos durante el día y la noche para establecer cómo se comporta la red y mejorar la prestación del servicio.
El resultado no se limita a una reducción estadística de las pérdidas. La empresa sostiene que el proceso permitió pasar de los antiguos racionamientos a disponer de agua durante todo el día en los diferentes sectores del municipio.
Una empresa pequeña ante proveedores globales
En Suiza, la agenda de Carrero incluyó visitas y encuentros con fabricantes de medidores, tuberías, sistemas de telemetría y otras soluciones tecnológicas para el sector.
También hubo reuniones con empresas prestadoras de servicios, universidades y grandes compañías.
Las actividades de la mañana estuvieron concentradas en empresas de acueducto y universidades, mientras que en las tardes se desarrollaron encuentros con proveedores y compañías de mayor tamaño.
Para Emchinac, la diferencia de escala no impidió aprovechar el encuentro. Por el contrario, permitió discutir cómo tecnologías utilizadas por grandes sistemas podrían adaptarse a las necesidades y posibilidades económicas de un municipio pequeño.
De ese intercambio surgió incluso la posibilidad de desarrollar soluciones que puedan ser utilizadas por otras empresas pequeñas.
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La apuesta de Emchinac consiste en buscar tecnología, pero aplicarla con presupuestos que correspondan a la realidad de los municipios de menor tamaño.
De Iscalá a Zúrich
La historia que llevó a Emchinac hasta Suiza comenzó mucho más cerca: en la quebrada Iscalá y en una red de acueducto que durante años tuvo dificultades para garantizar el suministro continuo.
Hoy, la empresa muestra un sistema en el que se han reducido las pérdidas y se ha mejorado la continuidad del servicio.
El reconocimiento internacional llegó después de ese proceso y no antes.
Para el BID y las entidades de cooperación que han acompañado a Emchinac, el interés está precisamente en esa experiencia: demostrar que una empresa pública pequeña puede introducir mejoras en la gestión del agua, capacitar a sus trabajadores, incorporar conocimiento técnico y utilizar tecnología sin depender de presupuestos propios de los grandes acueductos.
Carrero insiste en que los resultados no son producto de su trabajo individual. “Es el trabajo de mis compañeros, no es el trabajo mío solamente”, sostiene.
Esa precisión también explica la historia de Emchinac. El reconocimiento que ahora trasciende las fronteras de Colombia comenzó con una tarea menos visible: saber cuánta agua entraba al sistema, dónde se estaba perdiendo y qué debía cambiar para que el recurso llegara de manera continua a los hogares.
En un municipio que durante años conoció los racionamientos, esos cambios terminaron convirtiéndose en la carta de presentación de Chinácota ante el sector internacional del agua.
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