Se le conoce como trastorno por acumulación de animales y va más allá del amor por las mascotas. Es un desorden psiquiátrico en el que las personas tienden a acumular animales de compañía en casa, sin tener las condiciones económicas, físicas o emocionales para garantizar su bienestar.
¿Se acuerda de Noé? Sí, el mismo personaje bíblico que construyó una barca para salvar a su familia y a una pareja de cada especie durante el diluvio universal. Pues el síndrome que lleva su nombre se refiere a las personas que acumulan animales en sus viviendas, provocándoles, sin intención, condiciones insalubres y de hacinamiento que terminan convirtiéndose en problemas mucho más graves y que también afectan el entorno en el que se encuentran.
Tener un animal de compañía requiere recursos económicos y emocionales, tiempo y espacios suficientes y, por supuesto, atención para satisfacer sus necesidades y detectar a tiempo cuando algo no marcha bien con su salud. Por eso, antes de adoptar o rescatar, piénselo bien.
El síndrome no tiene que ver tanto con la cantidad de animales acumulados, sino con la capacidad de garantizar su bienestar. De ahí la importancia de diferenciar la labor de los rescatistas y los albergues de este diagnóstico.
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Empezar a recibir un animal y luego otro, y otro, y otro puede ser una señal de alerta cuando está acompañado de la incapacidad económica y emocional para velar adecuadamente por cada uno de ellos.
“El tema no es tener muchos animales, porque hay gente que rescata y es estigmatizada por eso. El síndrome de Noé es el que tienen quienes viven una desproporción, porque el rescate puede hacerse, siempre y cuando suceda conforme a las capacidades que tiene cada persona”, explica el psicólogo Carlos Callejas.
El primer paso es aceptar que existe un problema. Sin embargo, quienes tienen este síndrome no suelen reconocerlo con facilidad, pues están convencidos de que están llevando a cabo una labor social.
Consecuencias
“Hay un factor de negación, pues no reconocen que hay una afectación, tanto para los animales como para su propia calidad de vida”, explica Callejas.
Quienes padecen este síndrome pueden presentar cuadros clínicos variados, que pueden estar relacionados con demencia, adicciones, trastornos de apego, zoofilia o trastornos de personalidad.
Para los animales, el hacinamiento y la falta de alimentación y de atención veterinaria pueden traer enfermedades, infecciones y problemas de comportamiento. No contar con los recursos suficientes para atender las necesidades de los animales que se tienen a cargo puede incluso ocasionar su muerte, lo que, a la larga, desencadena mayores problemas de salubridad, especialmente si los cadáveres no son encontrados a tiempo.
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Para identificar cuándo el amor por los animales puede convertirse en una conducta problemática, hay algunas señales psicológicas que pueden servir como alerta.
La persona puede sentir una fuerte necesidad de rescatar animales y convencerse de que solo ella puede ayudarlos. También, entregar un animal puede generar angustia, culpa o la sensación de estar abandonándolo. Por eso, continúa acumulando ejemplares, aunque las condiciones sean insuficientes.
Uno de los rasgos más frecuentes es no reconocer que existe una dificultad. La persona puede percibir el hacinamiento o el deterioro como algo normal y creer que está haciendo una labor positiva.
En algunos casos, los animales se convierten en la principal fuente de compañía, afecto o seguridad emocional. Esto puede hacer que la persona dependa cada vez más de ellos y se aísle de otras relaciones.
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Por último, lo que comienza con uno o varios rescates puede convertirse progresivamente en una acumulación que supera las posibilidades económicas, físicas y emocionales del cuidador.
Alarma
Los siguientes son algunos aspectos que se deben tener en cuenta y evaluar cuando una persona tiene varias mascotas en casa:
-El espacio disponible no es adecuado en comparación con la cantidad de animales que tiene.
-Las condiciones de vivienda de los animales son deficientes.
-La alimentación es pobre o escasa y no cumple con las necesidades nutricionales de cada mascota.
-Los animales no están esterilizados, lo que facilita que se reproduzcan y, por ende, aumente su población.
-El lugar donde se encuentran no cuenta con las condiciones básicas de higiene.
-El tenedor de los animales es celoso con su espacio y no permite que otras personas ingresen a su vivienda.
¿Qué hacer?
La denuncia es un paso necesario y efectivo, incluso si solamente se trata de una sospecha. La línea de emergencias 123 recibirá el reporte y activará el protocolo correspondiente para la verificación del caso, el rescate y la reubicación de los animales, así como el acompañamiento psicológico a la persona que padece el síndrome.
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