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Colombia
Desde la Universidad de Antioquia buscan en Antártida cómo enfrentar el cambio climático
Una investigación liderada por expertos de la Universidad de Antioquia analiza cómo estas especies sobreviven a condiciones extremas.
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Colprensa
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Lunes, 29 de Junio de 2026

Tal vez suene un poco extraño, pero hay dos investigadores de Medellín empeñados en descubrir los secretos que guarda una especie de gusanos marinos presente en la Antártida, esa vasta zona cubierta de hielo localizada en el Polo Sur. Se trata de Idalyd Fonseca y Mario Londoño, ambos profesores del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia.


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El proyecto se denomina “Efecto del estrés térmico y la acidificación del océano sobre el gusano poliqueto Microspio moorei” y lo desarrollan desde el año 2017.

La profesora Fonseca explica que los poliquetos son gusanos marinos muy abundantes. Existen 85 familias descritas y cada una, a su vez, se subdivide en diferentes categorías. De hecho, muchas especies ni siquiera se conocen, justamente porque habitan la Antártida, que es como un universo aún por descubrir. ¿Y habiendo tantos gusanos aquí mismo, por qué irse tan lejos a auscultar cómo viven esos bichos acuáticos? Esa sería la pregunta lógica que cualquiera podría hacerles.

El profesor Londoño argumenta que no se trata de un organismo cualquiera, sino de un tipo especial que puede identificarse fácilmente y ha desarrollado “armas” para adaptarse a condiciones extremas de temperatura y acidificación del agua; es decir, está adaptado para sobrevivir al tan cacareado cambio climático que afecta al planeta Tierra.

Tanto es así que, según Fonseca, estos gusanos pueden soportar temperaturas desde -40 grados centígrados durante los inviernos extremos del polo hasta 19 grados que se registran en verano.

Además, no se trata solo de preservar a esos diminutos animales, pues constituyen la base de varias cadenas alimenticias de especies mayores, como peces, cangrejos y rayas. A su vez, de ellos se alimentan los camarones, que son fuente de alimento de pingüinos.


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“Analizamos si producen compuestos celulares para combatir el daño causado por el calor. Esto nos da pistas sobre cómo otros animales, e incluso los humanos, podríamos resistir las condiciones del cambio climático”, agrega Londoño.

¿Y no sería posible simplemente reproducir esas condiciones en un laboratorio?

Según él, no es posible por dos razones principales: el estrés extremo que implicaría el traslado del animal y el riesgo biológico que representa introducir organismos vivos de otros sitios al trópico, pues podrían convertirse en especies exóticas invasoras.

No hay que olvidar que ya ocurrió algo aleccionador con el caracol africano, que se convirtió en una plaga que afecta numerosos cultivos en el departamento. Esto cobra aún más importancia con gusanos que han demostrado esa fortaleza para sobrevivir a pesar de las condiciones que les impone la naturaleza.


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Londoño recuerda que a nivel mundial se conocen unas 13.000 especies de gusanos y, en Colombia, cerca de 350. Él mismo ha participado en la caracterización de unas 40 especies, las cuales ha podido bautizar junto con científicos de diferentes países. Este docente ya completa cuatro expediciones a la Antártida, mientras que su colega Fonseca ha viajado en dos oportunidades (en 2017 y 2022).

Como resultado preliminar de este trabajo, han concluido que las especies antárticas de gusanos podrían ser más resistentes al cambio climático que las tropicales, debido a que están acostumbradas a variaciones estacionales más marcadas.

“Esto nos da herramientas para decir que las especies del trópico se van a extinguir más, y la mayor población del planeta está alrededor de esa zona. Entonces tenemos que preservar inicialmente el trópico, por beneficio nuestro y de toda la biodiversidad de la que dependemos”, recalca Londoño.

Los dos investigadores están ad portas de describir cuatro especies de gusanos que no figuraban en el inventario de la Antártica, con lo cual se convertirían en pioneros a nivel nacional en este campo.

Las expediciones siempre se han realizado a la isla Rey Jorge. La última, en la que participó Londoño, comenzó el pasado 28 de enero y tuvo una duración de un mes.

Luego del trabajo de observación en terreno, continúa una labor en los laboratorios de la UdeA, ejecutada por la profesora Fonseca. Consiste en someter los gusanos a condiciones de estrés leve para observar cómo cambian su fisiología y su biología molecular con el fin de adaptarse.

“Mario es morfólogo e identifica los organismos por sus características físicas. Lo que yo hago es que, a través de la extracción de ADN, complemento la morfología con características moleculares, lo cual aporta conocimiento sobre la biodiversidad con una mirada a largo plazo, pues estos organismos tienen proteínas que les permiten resistir esas temperaturas y podrían tener un impacto en la biotecnología para protegernos de cambios térmicos o alteraciones en el pH (potencial de hidrógeno”, detalla Fonseca.

Actualmente, la investigación transita por su tercera fase. Las dos primeras se centraron en observar el efecto de los cambios de temperatura sobre los gusanos y sobre la microbiota que habita en ellos, de la misma manera que en el ser humano viven bacterias, virus y otros microorganismos que ayudan a preservar la vida.

En esta tercera etapa, que desarrollan en alianza con el profesor Javier Correa, de la Universidad EAFIT, buscan evaluar el efecto de la acidez del océano, es decir, la disminución del pH.

Con información de El Colombiano

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