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Iván Cepeda: del exilio y la tragedia familiar a la carrera por la Presidencia
Exilio, activismo, defensa de los derechos humanos y una larga trayectoria política. Conozca la historia de Iván Cepeda.
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Colprensa
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Sábado, 30 de Mayo de 2026

Iván Cepeda Castro conoció el exilio desde los tres años. Hijo de Yira Castro, dirigente comunista, y Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica asesinado en 1994, padeció desde niño la discriminación que sufrían en esa época los dirigentes de la izquierda e incluso la violencia con la que eran perseguidos.

Pero al mismo tiempo, se formó con las mismas ideas con las que ahora aspira llegar a la presidencia de la República.

Nació en Bogotá el 24 de octubre de 1962 y siendo muy pequeño viajó a Cuba y luego Checoslovaquia, aunque era muy pequeño para entender del todo las razones que llevaron a sus padres a salir del país.


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“Fue, en mi caso, más como una aventura, un hecho, de alguna manera divertido, sin tener la consciencia de lo que significaba. Pero, obviamente, mis padres estaban en una situación muy difícil. Eso significó no solamente salvar la vida de ellos, sino también emprender un viaje que tuvo lugares y momentos que se cruzaron con hechos históricos importantes”, contó en una entrevista con El Tiempo.

Regresó a Colombia en 1970, cuando tenía ocho años, en medio de una época de alta tensión política.

Ese mismo año se produjo la controvertida elección presidencial que llevó a Misael Pastrana Borrero a la Casa de Nariño en medio de denuncias de fraude. Cuatro años después ya seguía los pasos de sus padres: se convirtió en dirigente estudiantil y se vinculó a las Juventudes Comunistas.

La muerte llegó pronto a su vida. Su madre, Yira Castro, falleció a los 39 años a causa de un tumor que intentaron tratar en Cuba. Cepeda tenía 19 años cuando la perdió. Fue la primera gran tragedia familiar que enfrentó siendo adulto. Poco después viajó a Bulgaria, donde estudió filosofía en la Universidad San Clemente de Ohrid antes de regresar a Colombia en 1987.


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La violencia no paró con su regreso al país. Su padre fue asesinado el 9 de agosto de 1994. A los pocos minutos, él pasaba en bus por la Avenida Las Américas, con destino hacia la Universidad Javeriana, cuando lo vio tendido sobre los asientos de su carro. "La muerte de mi padre me reorientó y me convirtió en lo que soy hoy", ha dicho en distintas entrevistas. No era retórica. Al día siguiente del asesinato ya había creado la Fundación Manuel Cepeda Vargas, con el objetivo de investigar el crimen, trabajar en temas de paz y promover la construcción de memoria histórica para preservar la verdad sobre los crímenes de lesa humanidad.

Precisamente, esa lucha por las víctimas también le significó innumerables amenazas contra su vida y el exilio entre los años 1998 y 2004. Hoy, en plena campaña presidencial, sigue contando con medidas de protección ordenadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Su salto a la política

Su trabajo en defensa de las víctimas terminó por abrirle las puertas de la política electoral. En 2010 llegó a la Cámara de Representantes por Bogotá con cerca de 35.000 votos, la cuarta votación más alta de la capital. Para entonces ya era una figura reconocida por su activismo en derechos humanos y por su trabajo como vocero del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), una organización que había ayudado a visibilizar los casos de miles de personas afectadas por la violencia.

Desde el Congreso consolidó uno de los temas que ha marcado toda su trayectoria pública: la búsqueda de salidas negociadas al conflicto armado. Entre 2012 y 2016 participó como facilitador del proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP. Más adelante también acompañó los acercamientos con el ELN y promovió diálogos para el sometimiento a la justicia de estructuras armadas como el Clan del Golfo.

Ese trabajo lo convirtió en una de las voces más influyentes dentro de las iniciativas de paz impulsadas en el país durante la última década. No en vano ocupó la copresidencia de las comisiones de paz de la Cámara de Representantes y del Senado, espacios desde los que impulsó debates sobre reconciliación, víctimas y construcción de paz.


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Estando en el Congreso fue que precisamente se presentó el debate que abrió el expediente judicial en contra del expresidente Álvaro Uribe. En septiembre de 2012, el hoy candidato citó un debate para develar información sobre los presuntos vínculos de Uribe con grupos narcotraficantes y paramilitares, Uribe abandonó el recinto al iniciar el debate y se dirigió a la Corte Suprema a interponer una demanda por supuesta manipulación de testigos en contra de Cepeda.

La denuncia se volvió contra quien la interpuso. En 2018, la Corte Suprema de Justicia no encontró elementos probatorios suficientes para seguir adelante con la causa penal contra el senador Cepeda y cerró el caso en su contra. Pero en la misma decisión, ordenó iniciar una investigación contra Uribe por supuesta manipulación de testigos en contra de su contradictor político. Fue así como el exmandatario pasó de acusador a acusado, e incluso fue condenado a 12 años en primera instancia, pero absuelto en segunda. El caso está en manos de la Corte Suprema.

Hasta finales de 2025, Cepeda no se proyectaba como el candidato fijo de la izquierda. Pero desde que ganó la consulta de su partido ha dominado la campaña en sus propios términos: eventos de plaza pública en los que lee sus discursos, porque le preocupa ser tergiversado, pocas entrevistas y cero debates.

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