Prosiguiendo la reflexión de la columna anterior sobre la informalidad en la urbanización de Cúcuta -problema que afecta más de la mitad de su extensión urbana- se llega a un punto que es al mismo tiempo partida y llegada en el círculo vicioso de la pobreza. Se trata de la inexistencia de títulos de propiedad de más de 40.000 mil casas.
Diferenciemos dos aspectos de la informalidad a la hora de urbanizar una ciudad. Antes nos referimos a los problemas que resultan de construir un barrio sin planearlo, sin establecer la estabilidad geológica del terreno, sin cuidarse de no afectar la ronda de los ríos o zonas de reserva natural, y sin respetar normas de urbanismo como las cesiones suficientes para uso público, vías, parques, etc. Sin esos criterios ha crecido más de la mitad de Cúcuta.
El otro aspecto del problema al que me referiré, quizá de mayor gravedad, es que el crecimiento informal de la ciudad se hace sobre terrenos ajenos, públicos o privados. Es lo que comúnmente se llama una “invasión”, que en las ciudades colombianas y latinoamericanas es una dinámica de crecimiento urbano normalizada, al punto que la mayor parte de las veces el “invasor” no tiene otro remedio que serlo. Casi siempre se trata de familias desplazadas, migrantes del campo o personas para quienes no hay inclusión en el mercado de trabajo formal ni otras alternativas formales de adquisición de vivienda. Más de media ciudad de Cúcuta ha crecido así desde la Violencia de los años cuarenta hasta hoy.
El resultado es que hoy 40.000 familias cucuteñas mal contadas, aun no tienen títulos de propiedad de los lotes de sus casas. Si advertimos que el catastro de usuarios de las ESP sobrepasa 200.000 predios, y teniendo en cuenta que la tierra así ocupada excede la mitad de la ciudad, queda claro que a lo largo de ocho décadas, los propietarios de terrenos invadidos, entre ellos el Municipio, titularon buena parte de la tierra a sus ocupantes -hablamos de miles de predios- creando un modelo de negocio inmobiliario expost, primero se invade y luego se compra, fenómeno insuficientemente investigado.
Sobre ese problema, el famoso economista peruano Hernando de Soto publicó en 2000 un libro muy influyente en el mundo entero basado en la experiencia de Lima, cuyas conclusiones se ajustan perfectamente al caso cucuteño donde, por cierto, el problema es más grave que en cualquier otra ciudad capital del país.
La conclusión de El Misterio del Capital, como se titula la obra, es que la falta de títulos de propiedad sobre viviendas y pequeños locales es el pilar sobre el que se edificaba la exclusión y la pobreza, y que por consiguiente, el esfuerzo estatal por revertir esa condición mediante compras a propietarios y titulaciones a familias, es el punto de partida de la inclusión al capitalismo formal, al incorporar al mercado “capital muerto” inmobiliario que la familia había acumulado con años de esfuerzo.
Dotar a las familias de garantía hipotecaria les hace adquirir responsabilidad ante terceros legales en materia crediticia y tributaria, dando un primer paso formal dentro del capitalismo al que antes solo se vinculaban de manera informal y precaria. A partir de esta idea, continuaré refiriéndome con más detenimiento al caso de Cúcuta.
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