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Colombia ganadora
Esta posición potencia a nuestras ciudades con grandes mercados internos, centros urbanos descentralizados que generan su propia dinámica económica.
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Viernes, 26 de Junio de 2026

La conversación pública en Colombia suele estar atrapada en un bucle de pesimismo crónico. Nos han acostumbrado a creer que el destino de la nación está atado, de manera casi exclusiva, a las decisiones del gobierno central o a las grandes directrices ideológicas del momento. Sin embargo, la tesis que Alejandro y Sebastián Salazar plantean en su libro, Colombia Ganadora, rompe con este relato y nos confronta con una realidad mucho más potente: el país real y productivo se mueve a una velocidad y con una lógica muy distintas a las del debate institucional.

A través de la lente de la "estrategia emergente", los autores nos invitan a despojarnos de la nostalgia de modelos del pasado y de las falsas aspiraciones de copiar recetas extranjeras. La verdadera estrategia surge y se valida al chocar con la realidad del mercado. Bajo esta premisa, el libro introduce una visión geográfica disruptiva: Colombia no está aislada en la periferia, sino que forma parte fundamental del diamante norteamericano, ubicándose de manera privilegiada justo al sur de Norteamérica. Esta posición potencia a nuestras ciudades con grandes mercados internos, centros urbanos descentralizados que generan su propia dinámica económica. Ciudades como Barranquilla, Medellín y otras capitales intermedias son un reflejo de esto, al albergar hoy a decenas de empresas de diversos sectores —desde la manufactura y los servicios hasta el comercio transfronterizo— que compiten con éxito a nivel nacional e internacional. Es en estos entornos regionales donde un capital humano talentoso, técnico y resiliente está transformando las ventajas geográficas en ventajas competitivas reales.

Sin embargo, para que este potente motor de la sociedad civil y el sector empresarial se consolide, se requiere un piso mínimo y predecible que la institucionalidad pública debe garantizar. No hay genialidad empresarial, dividendo de talento ni ventaja geográfica que resista sin seguridad en los territorios y sin previsibilidad jurídica y económica. Las empresas regionales y los nuevos proyectos productivos necesitan reglas de juego claras a largo plazo; la incertidumbre es la peor enemiga de la inversión. Solo garantizando estabilidad interna y confianza podemos aprovechar con audacia nuestra inserción en el continente para integrarnos decididamente al mundo.

El verdadero desafío es dejar atrás la idea de que todas las soluciones deben nacer de manera vertical desde el centro del país. El desarrollo sostenible de Colombia se escribe de abajo hacia arriba, potenciando lo que ya funciona y da resultados en las ciudades y provincias. Es hora de garantizar la tranquilidad en los territorios, dar certeza a la inversión y levantar la mirada hacia los mercados globales. La Colombia real, la que se esfuerza y compite desde las regiones, ya demostró que tiene la madurez y la capacidad para ganar.


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