Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Columnistas
Del temor a Dios y al ridículo
Una de las maneras frecuentes de hacer el ridículo, es fabricar paranoias, creérselas e imponérselas a los demás a la brava como pretendía el paranoico presidente Aureliano.
Authored by
Jueves, 9 de Julio de 2026

En enero de este año expresé, igual que Abelardo de la Espriella, cuando arrimé al reparto del miedo, ya era tarde y me quedé sin conocerlo. Me resigné a temerle a Dios y al ridículo.

Una de las maneras frecuentes de hacer el ridículo, es fabricar paranoias, creérselas e imponérselas a los demás a la brava como pretendía el paranoico presidente Aureliano.

Sí, porque una paranoia es según la RAE una anormalidad de la mente humana mediante la cual, cualquier persona jura que todo el mundo lo envidia y lo persigue porque es muy inteligente, culto, fuera de lo común y, en consecuencia, inmenso y desconfiado.

Pero más ridículo aún es que el paranoico descubra su anormalidad y no la supere, cierre los ojos para prolongarla y justificar el régimen que lo escogió y que pretende perpetuar.

Es más o menos lo que sucede con nuestros controles locales y regionales en Cúcuta y Norte  de Santander con fines protervos como la corrupción.

Ese mismo día de enero confirmé que, por ello, la CGR y AGR tomaron las entidades públicas del departamento y del municipio de Cúcuta con fines de liquidación.

Solo en una entidad municipal se robaron un crédito BID que pagó la Nación por 18 millones de dólares más rendimientos.

Traigo lo anterior a colación, porque en una entrevista personal con el contralor departamental, al que acudí para que me diera un contrato de control constitucional (“ando resteado”) como pensionado con derechos adquiridos  en el cual soy experto y control que ordena la Carta Superior en el artículo 305; y me salió con el argumento de que no podía porque a él lo eligieron solo para dar cumplimiento a la Ley 42 de 1993, vale decir principios, sistemas y procedimientos de control fiscal financiero de hace 33 años. Vaya, vaya diligencia que está ordenada la Ley 1564 de 2012 y de manera oficiosa.

En consecuencia, las reformas del Decreto 1142 de 1999 y del Decreto 272 de 2000, las sentencias C-529/93, 484/2000, 131 de 2002, la Resolución 9 de 1999 no lo obligaban, mucho menos el Decreto 403 de 2020 articulo 3°. ¡Vaya diligencia!

Me pareció inverosímil esa ingenua fidelidad y lealtad al régimen que lo eligió, pues oficiosamente ordena la ley que hay que revisar y actualizar para bien de la comunidad y de ellos mismos los funcionarios del control, so pena de cometer delitos por acción o por omisión y de incurrir en faltas graves y gravísimas del régimen disciplinario y del Código Penal.

Inverosímil porque como dicen las señoras de Pamplona, él no era así. Yo ratifico esa afirmación pues tuve oportunidad de probarlo cuando lo escogí siendo rector de una universidad local por su transparencia, rigurosidad e intransigencia por su honestidad, para crear el Programa de Posgrados.

Álvaro Laureano Gómez Hurtado un día escribió un editorial en el Nuevo Siglo que Tituló; “Cómo cambian señores, cómo cambian”. Lo recomiendo.

Adenda: Todo hombre tiene tres variedades de carácter; el que realmente tiene, el que aparenta y el que cree tener, Alfred Karr.


Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion . 

Temas del Día