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Detalles de una contienda electoral
Lo primero que hay que decir es que, en materia político-electoral, con la elección del nuevo primer mandatario surge en Colombia un nuevo “ismo”, el Abelardismo.
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Martes, 30 de Junio de 2026

Ya ha transcurrido tiempo suficiente para husmear un poco en la contienda electoral que vivió Colombia, concretamente en lo que los franceses denominaron ballotage, es decir, “…la segunda votación que se lleva a cabo entre los dos candidatos más votados en la primera, cuando ninguno ha obtenido la mayoría requerida”.

Lo primero que hay que decir es que, en materia político-electoral, con la elección del nuevo primer mandatario surge en Colombia un nuevo “ismo”, el Abelardismo. Poco se habló de ello en el transcurso de la campaña, pero paulatinamente irá tomando fuerza, como sucedió, entre otros, con el Ospinismo, Laureanismo, Lopismo, Gavirismo, Samperismo, Pastranismo, Santismo y Uribismo. A propósito, una cadena de televisión internacional difundió que desde la campaña del presidente electo se ha proclamado el fin del Uribismo, porque el Abelardismo logró ganar la Presidencia de la República sin las estructuras del Centro Democrático. Entiendo que hasta la primera vuelta las tales estructuras del Centro Democrático no estaban con De la Espriella, pero una parte considerable del caudal electoral uribista ya había “emigrado” para acompañar a este último. Después de la primera vuelta el trasteo fue total, unos porque lo tenían decidido y otros porque fue la orden del expresidente Uribe. 

También hay que decir que el presidente electo llega a la jefatura del Estado con una consigna: imponer autoridad. Pero no como dicen algunos periodistas y militantes contrarios, que se trata de una “nueva derecha” o una derecha radical. No creo que se trate de eso, porque esa explicación da la impresión que el nuevo comandante en jefe actuará desde el solio de Bolívar con facultades amplias, y, entre ellas, desbordar el cauce constitucional. No. Se trata de hacerlo como manda la Carta, que le otorga facultades para dirigir la fuerza pública y disponer de ella como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República y, por ende, “Conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde fuere turbado”. Así lo aclaró el presidente electo en su reciente reunión con los magistrados de la Corte Constitucional, Corte Suprema de Justicia y Consejo de Estado, reunión con la que envió un mensaje de respeto a la institucionalidad.

Ahora bien, el pasado sábado el diario El Heraldo, de Barranquilla, tituló: “La victoria de Abelardo de la Espriella - ADLE - consolida a Barranquilla como nuevo eje del poder político en el país. Expertos consultados por El Heraldo aseguraron que el protagonismo de la capital del Atlántico de cara al próximo gobierno puede marcar el inicio de una nueva etapa para la descentralización del país”. Si se da esto último, felicitaciones “Quilla”.

Finalmente, por culpa del “Gobierno del cambio”, que expira pronto, nos animamos a releer las llamadas "8 leyes de Abraham Lincoln", que en realidad son del reverendo alemán William J. H. Boetcker, con el que realmente eran “Los diez «No se puede»: 1. No puedes crear prosperidad desalentando la iniciativa propia ni el ahorro. 2. No puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte. 3. No puedes ayudar a los pequeños aplastando a los grandes. 4. No puedes ayudar al pobre destruyendo al rico. 5. No puedes elevar al asalariado presionando a quien paga el salario. 6. No puedes resolver tus problemas mientras gastes más de lo que ganas. 7. No puedes promover la hermandad incitando el odio de clases. 8. No puedes garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.


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