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El doble drama de las mujeres migrantes
Cuando una mujer decide migrar es principalmente por la necesidad de socorrer a su familia. Al salir de sus países arrastran una mochila de inequidad que se acentúa durante su recorrido y las expone a ser víctimas de todo tipo de abusos de género.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 12 de Marzo de 2021

Ser mujer y ser migrante ya las pone en una posición de doble vulnerabilidad frente al cumplimiento de sus derechos más elementales, viven en un contexto de violencia, pobreza y exclusión que ha profundizado la pandemia, abriendo aún más la brecha salarial y el desempleo para las mujeres que emigran.

Las estadísticas muestran que la migración femenina se encuentra empleada principalmente en los sectores de servicios y del cuidado de niños, ancianos, personas enfermas y dependientes, tareas para las cuales en la mayoría de los casos se encuentran sobre calificadas.

De acuerdo a cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del total de personas trabajadoras del hogar remuneradas en América Latina, un 17,2 por ciento son migrantes, y un 73,4 de estas son mujeres que muchas veces están expuestas a ser víctimas de patrones explotadores y abusivos, a bajos sueldos y hasta la trata con fines de explotación sexual, por lo que tenemos que fortalecer los procesos de formación integral, rescate de valores y la consolidación de un marco jurídico de protección. Oportunidades de emprendimiento para las mujeres podría contrarrestar su estado vulnerable.

Cuando una mujer decide migrar es principalmente por la necesidad de socorrer a su familia. Al salir de sus países arrastran una mochila de inequidad que se acentúa durante su recorrido y las expone a ser víctimas de todo tipo de abusos de género y, lo más preocupante  es que una vez llegan al destino donde decidieron establecerse se encuentran con un escenario que, lejos de acogerlas y apoyarlas, las excluye del sistema laboral, les dificulta el empleo en condiciones dignas, encuentran trabas para adherirse a los servicios de salud y son más propensas a ser víctimas de discriminación y xenofobia.

En Colombia se calcula que hay unas 800.000 venezolanas migrantes y según el más reciente estudio de ACNUR su situación es muy desfavorable. Un 79% de ellas están en riesgo de desalojo o han sido desalojadas de los lugares donde viven, cerca de la mitad se encuentra en situación irregular, lo que dificulta su acceso a bienes y servicios, dejándolas en desventaja y vulnerables. A eso hay que sumarle que están a cargo de los hijos.

Esta llegada de migrantes sin precedentes en la historia nos plantea importantes retos en materia de atención e integración para esta población. Con el nuevo estatuto de protección para los migrantes venezolanos se espera brindarle la oportunidad a mujeres y niñas de contar no solo con una identificación y un estatus regular sino la oportunidad de ingresar al mercado laboral a través de empleos formales, contar con acceso a la educación y la capacitación, e incluso a herramientas crediticias que las impulsen a emprender y a garantizar una estabilidad económica y segura. No podemos olvidar que los colombianos hemos sido una nación de migrantes.  

*Directora de la Cámara de Comercio Colombo-Americana, AmCham Colombia.

@mclacouture

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