La transformación digital está cambiando la manera en que trabajamos, estudiamos, hacemos negocios y en general como nos relacionamos; hoy es posible solicitar una cita médica, realizar un trámite, buscar empleo, estudiar y desarrollar actividades comerciales desde un teléfono celular. Sin embargo, detrás de esta aparente facilidad existe una realidad que merece nuestra atención: no todas las personas tienen las mismas posibilidades de aprovechar la tecnología.
Los datos muestran que la brecha digital sigue siendo un desafío para Norte de Santander; según la Encuesta de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en Hogares (DANE 2024), el 60,5% de los hogares del departamento tenía conexión a internet, frente al 65,6% del promedio nacional. La diferencia parece moderada, pero representa hogares que todavía enfrentan dificultades para acceder a un servicio que hoy resulta fundamental.
Hay un indicador todavía más revelador; en el departamento, apenas 25,8% de las personas utilizó computador, mientras que el promedio nacional fue 35,1%. Aunque el uso de internet alcanzó el 77,8% de la población de cinco años o más, no podemos confundir estar conectado con disponer de las herramientas necesarias para desarrollar competencias digitales.
La diferencia importa; un teléfono celular permite comunicarse, consultar información y realizar algunas operaciones, pero no siempre ofrece las mismas condiciones para elaborar documentos, trabajar con hojas de cálculo, desarrollar proyectos académicos, utilizar programas especializados o acceder a oportunidades laborales que requieren herramientas informáticas.
El problema tampoco termina en la disponibilidad de dispositivos; el DANE encontró que, en 2024, mientras el 61% de las personas usuarias de computador o internet en las cabeceras sabía enviar correos electrónicos con archivos adjuntos, en los centros poblados y el área rural dispersa esa proporción era solo 38,3%. La brecha también aparece en habilidades tan básicas como utilizar procesadores de texto o manejar archivos.
¿Qué significa esto para Cúcuta y Norte de Santander? Significa que una parte de la población puede estar quedándose atrás en una economía que exige cada vez más capacidades tecnológicas. Un joven que no desarrolla competencias digitales tendrá mayores dificultades para competir por determinados empleos; un pequeño comerciante que desconoce las herramientas de venta en línea puede perder mercados; y una persona mayor que no sabe utilizar plataformas digitales puede encontrar barreras para acceder a servicios públicos y privados.
Por eso, la inclusión digital debe convertirse en una política de desarrollo territorial. No basta con instalar redes o entregar equipos, necesitamos programas permanentes de alfabetización digital en barrios, colegios y zonas rurales; formación práctica para jóvenes, comerciantes, trabajadores y adultos mayores; acceso a computadores y espacios públicos de aprendizaje; y capacitación en herramientas de productividad, seguridad digital, comercio electrónico e inteligencia artificial.
Las instituciones educativas, las universidades, el SENA, las empresas y las administraciones públicas deben trabajar conjuntamente; también es necesario evaluar resultados: cuántas personas adquieren competencias, cuántas acceden a oportunidades laborales, cuántos negocios mejoran sus procesos y cuántos ciudadanos pueden realizar sus trámites con mayor autonomía.
La transformación digital tampoco puede convertirse en una excusa para eliminar la atención presencial. Modernizar los servicios significa hacerlos más accesibles, no levantar nuevas barreras para quienes tienen dificultades de conexión o aprendizaje.
La responsabilidad comienza en todos los espacios; las familias pueden acompañar a sus adultos mayores, los docentes pueden enseñar a utilizar la tecnología para investigar y crear, no solamente para consumir contenidos; las empresas pueden capacitar a sus trabajadores y las instituciones deben garantizar que la modernización incluya a quienes históricamente han tenido menos oportunidades.
El verdadero desarrollo digital no se mide únicamente por cuántas personas tienen internet, sino por cuántas pueden utilizarlo para aprender, producir, trabajar y mejorar sus condiciones de vida; porque en el futuro digital nadie debería quedarse atrás por no tener las herramientas o las oportunidades para participar en él.
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